La Palabra de Dios, en el Nuevo Testamento, menciona con frecuencia a los sacerdotes judíos así como al sumo sacerdote de ellos. También alude a los sacerdotes de Júpiter que querían ofrecer sacrificios a Pablo y a Bernabé, a quienes ellos tomaban por dioses. Asimismo menciona a Melquisedec y su sacerdocio y, finalmente, nos presenta a Cristo mismo, ya como sacerdote en general o como sumo sacerdote.
Todo esto es suficientemente claro y no requiere mayores comentarios aquí. Pero otros hombres, hombres vivos en la tierra, también nos son presentados como sacerdotes o sacrificadores. El apóstol Pedro nos dice: “Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo”; y más adelante agrega: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1.ª Pedro 2:5, 9).
Nadie podrá negar que estas palabras se dirigen al conjunto de los creyentes a los que Pedro escribía y a quienes instruía y alentaba en medio de sus aflicciones. Por consiguiente, todos los creyentes forman en conjunto un santo y real sacerdocio, así como nos lo dice el libro de Apocalipsis: “Al que nos amó (o ama), y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes (o un reino, sacerdotes) para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos” (1:5-6).
Volvemos a encontrar esta misma verdad en otros dos pasajes de la porción profética de este libro: “Digno eres tú de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque fuiste inmolado, y has adquirido para Dios con tu misma sangre, [hombres] de toda tribu, y lengua, y pueblo, y nación; y los has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes”; y luego: “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (Apocalipsis 5:9-10, VM; 20:6).
Finalmente, la epístola a los Hebreos invita a los creyentes a ejercer su sacerdocio, enseñándoles cómo deben hacerlo: “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre” (Hebreos 13:15).
Estas declaraciones de las Escrituras nos dicen, de la manera más expresa y positiva, que todos los creyentes son sacerdotes. El Nuevo Testamento no contiene ni un solo pasaje que, directa o indirectamente, hable de un sacerdocio en la tierra fuera del que forma parte todo creyente, o que sugiera que Dios reconozca en la tierra otro sacerdocio aparte del sacerdocio universal de todos los creyentes. En la Palabra no se le da el nombre de sacerdote a ningún hombre en la tierra —excepto a los sacerdotes judíos y una vez a un sacerdote pagano—, a menos que se trate de creyentes en general, bajo el carácter de sacerdotes.
Es necesario insistir en que la idea de que hay una clase distinta de sacerdotes sobre la tierra es completamente extraña al Nuevo Testamento. Nuestro Sumo Sacerdote entró en los cielos, y todos los creyentes son sacerdotes en un sentido espiritual y celestial; y una doctrina, cualquiera que sea, que reconoce o establece una clase de hombres que, en la tierra, ejercen como sacerdotes un oficio distinto del que pertenece a todos los hijos de Dios, es antiescrituraria y completamente falsa.
Si se pregunta, pues, quién es sacerdote en la era cristiana, repetimos una vez más, con la Palabra, que Cristo es el Sumo Sacerdote, y que todos los creyentes son sacerdotes. En el Nuevo Testamento, ningún otro sacerdocio es reconocido entre los creyentes.
Pero se dirá: ¿Qué es un sacerdote? O bien, para hablar más exactamente, ¿cuáles son los principios sobre los cuales está fundado el sacerdocio terrenal, allí donde se ha establecido entre los hombres? La epístola a los Hebreos nos describe lo que es un sumo sacerdote de entre los hombres, de la siguiente manera: “Todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados...” (5:1).
Pero aun otros sacerdotes hacían esto cuando el sacerdocio estaba establecido en la tierra. Ciertas funciones pertenecían sólo al sumo sacerdote; pero todos los sacerdotes, sin distinción, ofrecían ofrendas y sacrificios por los pecados. Por eso allí donde en la actualidad se establecen sacerdotes oficialmente, al mismo tiempo se encuentra la institución formal y manifiesta de un sacrificio —la misa, por ejemplo—, lo que es perfectamente racional; o también se da que aquellos que son llamados sacerdotes tienden a transformar la cena del Señor en un sacrificio, porque sienten qué es lo que deberían ser y no son, si realmente son sacerdotes. Este sistema entero niega el valor y la eficaz verdad del cristianismo.
En la epístola a los Hebreos, el Espíritu de Dios nos asegura cuidadosamente que, una vez establecido el cristianismo, no queda más sacrificio por el pecado; todo el edificio cristiano reposa en el único y perfecto sacrificio de Cristo, ofrecido una vez por todas, y cuyo valor y eficacia son eternos. La institución de un sacerdocio terrenal que interviene por los hombres en las cosas que conciernen a Dios, lo que es y lo que supone, derriba por completo toda la verdad cristiana. No quiero decir que todos los que piensan que hay sacerdotes consagrados tengan la intención de hacer tal cosa, sino que es el hecho del sistema al que se apegan.
En efecto; la institución de una clase de sacerdotes para ofrecer ofrendas, sacrificios u oraciones no es otra cosa que la declaración pública de que otros adoradores no pueden acercarse directamente a Dios con sus dones, sus sacrificios y sus oraciones, que es necesario que los tales permanezcan lejos de Dios y que la casta favorecida es la que debe acercarse a Dios en lugar de ellos. En semejante orden de cosas, Dios se mantiene a distancia, encerrándoselo en el secreto del santuario al cual ningún hombre tiene la libertad de acercarse.
En el sistema judaico había un primer velo dentro del cual entraban los sacerdotes para ofrecer el perfume, luego había otro velo detrás del cual los sacerdotes mismos no podían entrar y donde la gloria de Dios moraba entre los querubines. Sólo el sumo sacerdote entraba allí, una vez al año, para poner la sangre de la propiciación sobre el propiciatorio, y aun era necesario que lo hiciese envuelto en una nube de incienso para que no muriese. “Dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie” (Hebreos 9:8).
Dios estaba oculto dentro del velo, y el adorador no podía siquiera acercarse al altar que estaba delante de los dos velos, para ofrecer allí sus ofrendas o sus sacrificios; el sacerdote recibía sus ofrendas o la sangre de la víctima en sus manos y las presentaba a Dios. Este sistema entero declaraba que el hombre no podía acercarse a Dios; Dios permanecía en espesa oscuridad; y aun aquellos que más se le acercaban, sus propios sacerdotes, no podían llegar a Él; era necesario que se detuviesen fuera del velo.
El cristianismo es lo opuesto a todo este orden de cosas, aunque el tabernáculo y todas las ordenanzas que le atañen nos presenten, bajo admirables figuras, verdades que se refieren a Cristo. En el Evangelio, Dios se ha revelado; no mora más en la oscuridad: “Las tinieblas van pasando”, dice el apóstol Juan “y la luz verdadera ya alumbra” (1.ª Juan 2:8), porque el Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros. La perfecta gracia fue manifestada al más vil pecador. Ya que no podíamos acercarnos a Dios, Dios se acercó a nosotros. Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados” (2.ª Corintios 5:19). “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4).
El testimonio de Dios ahora es: “Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida” (1.ª Juan 5:11-12). “La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11). El más vil pecador es bien recibido por el Señor Jesús; el leproso, cuya impureza lo excluía del campamento de Israel con cualquiera que lo tocase, vio que Jesús se le acercó, puso su mano sobre él y lo tocó. La gracia nos visitó; Dios se ha manifestado como “amigo de publicanos y de pecadores (Mateo 11:19).
Pero eso no es todo. Si Dios en su gracia visitó así al pecador, éste no podía llegarse a Él en su santa morada sin haber sido purificado; por eso Jesús no sólo vivió sino que también murió. Y ¿cuál fue el efecto de su muerte?: el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo (Mateo 27:51), el velo tras el cual Dios moraba oculto e inaccesible; y, además, la muerte de Cristo, que rasgó el velo, también quitó completamente el pecado de sobre todo aquel que cree en Él. Cristo llevó nuestros pecados, y su sangre purifica de todo pecado.
El Evangelio no solamente nos enseña que Dios es amor perfecto, que “Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”, sino que, además, si creemos en el poder eficaz del sacrificio de Cristo, hemos hallado también lo que ha borrado nuestros pecados, pues Él “se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” después de haber “efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo”, y no antes de ese momento (Hebreos 1). Así pues, la sangre de Cristo purifica la conciencia y la hace perfecta, y Dios no se acuerda más de nuestros pecados ni de nuestras iniquidades; así también “no hay más ofrenda por el pecado”, porque han sido perdonados y “con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (cf. Hebreos 9 y 10).
La epístola a los Hebreos, que acabamos de citar, establece de manera contundente que, de allí en adelante, toda repetición de sacrificio, como también todo sacrificio por los pecados, es un absurdo. Primero nos enseña que “sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (Hebreos 9:22); por lo tanto, sería necesario que Cristo hubiera sufrido muchas veces desde la fundación del mundo, si hubiera un derramamiento de sangre distinto del que se llevó a cabo en la cruz.
En segundo lugar, esta epístola nos enseña que el sumo sacerdote judío “está (o está de pie) día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados”, mientras que el Hombre del que hablamos, después de haber “ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado (o se ha sentado a perpetuidad) a la diestra de Dios (Hebreos 10:11, 12, 14). Así hablan las Escrituras en su simple y precioso lenguaje. Dios quería mostrar su bondad y su gracia para con nosotros, pero no podía tolerar el pecado ni recibir en su presencia, en su santa morada, lo que era sucio y culpable; por eso Dios dio a su Hijo, para quitar el pecado y sus manchas, para que pudiéramos acercarnos “en plena certidumbre de fe”.
Ahora bien, esta obra fue hecha una vez para siempre, y la Palabra puede concluir, como lo hace, diciendo: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne... acerquémonos” (Hebreos 10:19-22). Entramos allí donde ningún sacerdote podía entrar (excepto el sumo sacerdote, una vez al año) cuando subsistía una casta de sacerdotes. Todo creyente puede entrar con plena libertad, bajo el gran Sumo Sacerdote que está establecido sobre la casa de Dios. Nosotros, los creyentes, formamos parte de esa casa; nosotros somos esos sacerdotes o sacrificadores llamados a entrar. Ningún sacerdote puede pasar más allá del “Lugar Santísimo”, y allí el creyente no tiene necesidad de aquél, porque puede entrar él mismo con libertad. Si aceptamos que otro entre por nosotros, negamos nuestro propio derecho y nuestro carácter de cristianos y la eficacia del sacrificio de Cristo.
Establecer en la tierra un sacerdocio que se interponga entre los creyentes y Dios es negar la eficacia y la verdad de la obra de Cristo, que murió una vez, que “padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1.ª Pedro 3:18). Si realmente he sido llevado a Dios, ¿qué necesidad tengo de que un sacerdote entre por mí en Su presencia?. Si el velo fue rasgado y soy exhortado por Dios a entrar en el Lugar Santísimo por ese camino nuevo y vivo, ¿qué necesidad tengo de que otro —otro que tampoco podría entrar si yo no tuviera acceso a ese lugar— entre por mí, como si yo no lo pudiera hacer por mí mismo?
La esencia del cristianismo es revelar a Dios y llevarnos a Dios; es darnos una santa y hermosa libertad como hijos en su presencia, a la cual podemos entrar estando lavados por la preciosa sangre de Cristo. El establecimiento de una clase distinta de sacerdotes entre los hombres hace lo contrario; su principio mismo niega todo esto, nos mantiene lejos de Dios y nos hace depender de otros hombres que pretenden entrar por nosotros delante de Él para ofrecer por nosotros nuestras ofrendas y sacrificios. Tal orden de cosas echa por tierra toda la eficacia del cristianismo y la posición en la cual son colocados todos los creyentes que, según la verdad cristiana, son sacerdotes de Dios en la tierra para ofrecer sacrificios espirituales a Dios, es decir, fruto de labios que bendicen su nombre y le dan gloria.
Por otro lado, agreguemos que todo ese sistema es falso e inútil, pues el velo está rasgado, Dios se ha manifestado en su santidad, la luz ha venido. Y es preciso que tú, querido lector, andes en luz, como Dios está en luz; lo contrario significa que no tienes relación con Él. No puedes tener un Dios oculto, como el Dios de los judíos, un Dios al cual es necesario que se acerque un sacerdote que, sin embargo, no puede llegar hasta Él. La luz resplandece; y es preciso que tú mismo andes en luz. Ahora ningún velo oculta la gloria de Dios; quizá haya uno sobre tu corazón, pero en ese caso no eres creyente, y ningún sacerdote puede representarte ante Dios. Lo repetimos, es necesario que tú mismo estés en la presencia de Dios, en la luz. Si has entrado allí por la sangre de Cristo, la luz no hará otra cosa que manifestar plenamente que estás perfectamente lavado por ella, pero es una inconsistencia que otro entre a la presencia de Dios en tu lugar. Si has sido purificado eres un sacerdote, y debes acercarte tú mismo.
La obra de Cristo es divina y perfecta, pero no puedes acercarte a Dios por medio de un representante aquí abajo; la pureza o la santidad de otra persona en la tierra no te pueden ser útiles. Si Cristo respondió por ti, todo está bien; ¡vé tú mismo, osadamente, al trono de la gracia! Ahora que Dios se ha revelado, tienes relación directa con Él; y, sin duda, será para tu desaprobación si quieres acercarte por medio de otro que no sea Cristo. Es absurdo que no te acerques por ti mismo; el estado de tu conciencia está en juego directamente entre tú y Dios. Si te acercas a Dios por Cristo, ningún sacerdote humano puede interponerse, y tampoco necesitas de su intervención, porque la intervención de Cristo no puede faltarte.
Para finalizar, repetimos que el establecimiento de un sacerdocio humano en la tierra, conformado como una clase distinta en medio de otros creyentes es la negación de la verdad y de la eficacia del cristianismo. Según el Nuevo Testamento, todos los creyentes son sacerdotes; sus ofrendas son sacrificios espirituales de acción de gracias para la gloria de Dios por Jesucristo.
ASI DICE EL ALTO Y SUBLIME
Yo soy el Dios tuyo,que te enseña provechosamente el camino que debes seguir...
martes, 16 de agosto de 2011
domingo, 14 de agosto de 2011
sábado, 13 de agosto de 2011
¿DÓNDE ESTAMOS?
A MIS HERMANOS EN CRISTO,LOS ÚLTIMOS ACONTECIMIENTOS POLÍTICOS Y VALÓRICOS EN NUESTRO PAÍS,NO SON OTRA COSA QUE EL MOVIMIENTO DEL INFIERNO EN NUESTRA SOCIEDAD. TUVIMOS UNA MARCHA POR LOS VALORES,NO SABEMOS CUÁNDO SERÁ LA SEGUNDA,PERO,EN TANTO,¿QUÉ? ¿PERMANECEREMOS EN SILENCIO?¿SEREMOS MEROS ESPECTADORES MIENTRAS SATANÁS USA A DIPUTADOS,GRUPOS HOMOSEXUALES Y AL PRESIDENTE MISMO EN SUS ESTRATEGIAS?NO OLVIDEMOS QUE ESTE FORMIDABLE ADVERSARIO,QUIÉN YA SE ENCARGÓ DE ENGAÑAR A LAS ACTUALES GENERACIONES CONVENCIÉNDOLOS QUE ÉL NO EXISTE,QUE ES UN MITO ARCAICO Y MEDIEVAL;ESTE ADVERSARIO LO QUE PERSIGUE ES LA DESTRUCCIÓN DE NUESTRA SOCIEDAD Y MUTILAR LOS POCOS VALORES QUE NOS VAN QUEDANDO,ENGAÑANDO A NUESTROS HIJOS,ATRAYÉNDOLOS HACIA LAS TINIEBLAS DE LA IGNORANCIA.
HOY EN DÍA EXISTEN DECENAS DE REDES SOCIALES Y MEDIOS DE INTERACCIÓN EN DÓNDE MUCHOS DE NOSOTROS PASAMOS LARGAS HORAS DEL DÍA,PREGUNTO,¿DÓNDE ESTÁN LOS CREYENTES QUE RECHAZAN LA LIVIANDAD Y EL LIBERTINAJE QUE VEMOS HOY?CRISTIANO,¿DÓNDE ESTÁN TUS COMENTARIOS EN LAS REDES SOCIALES DENUNCIANDO Y RECHAZANDO EL ESTADO ACTUAL DE TU PAÍS EN TÉRMINOS ÉTICOS,VALÓRICOS Y EDUCACIONALES?
TRISTEMENTE NO ESTÁN,USAS LAS REDES SOCIALES PARA ANUNCIAR,COMUNICAR Y/O ABANDERIZÁRTE CON CAUSAS POLÍTICAS,DEPORTIVAS,ETC;OTROS,AÚN MAS ALIENADOS,SE DIVIERTEN CON LA FARÁNDULA,LOS HORÓSCOPOS,LOS "ME GUSTA TAL PÁGINA"....
IGLESIA DE CRISTO¡DESPERTEMOS!LO QUE ESTAMOS VIENDO HOY NO ES CASUALIDAD,NO ES "ASÍ ES LA VIDA",¡NO! ES MAS QUE SEÑALES DE LOS TIEMPOS,¡ES EL INFIERNO ABRIÉNDOSE BAJO NUESTROS PIES!! YA TUVIMOS UNA MARCHA,PERO NO PAREMOS DE INTERCEDER Y ORAR A FAVOR DE NUESTRA NACIÓN;ELÍ(1 SAMUEL 3.13) FUÉ APARTADO DEL SACERDOCIO POR "NO ESTORBAR A SUS HIJOS",HERMANOS,¡¡ESTORBEMOS A SATANÁS POR MEDIO DE LA ORACIÓN,LA INTERCESIÓN Y EL CLAMOR!!
A FIN DE CUENTAS,SERÁN NUESTROS HIJOS Y NIETOS QUIENES TAL VEZ NOS PEDIRÁN CUENTAS POR NUESTRO SILENCIO;¿TIENES FACEBOOK,TWITTER,NETLOG,BLOG,ETC? ¡¡ÚSALO EN ESPARCIR LA PALABRA DE DIOS Y SU VOLUNTAD PARA LA SOCIEDAD!!
"Dios no deja que las naciones lleven a cabo sus planes; Dios no deja que los pueblos realicen sus planes malvados.
Pero Dios cumple sus propios planes, y realiza sus propósitos.
¡Dios mío, tú bendices al pueblo que te reconoce como Dios! ¡Tú bendices a la nación que te acepta como dueño!
Sal 33:13 Desde tu trono en el cielo te fijas en toda la gente; desde tu trono vigilas a todos los habitantes del mundo..." SALMO 33.10 (BLS)
HOY EN DÍA EXISTEN DECENAS DE REDES SOCIALES Y MEDIOS DE INTERACCIÓN EN DÓNDE MUCHOS DE NOSOTROS PASAMOS LARGAS HORAS DEL DÍA,PREGUNTO,¿DÓNDE ESTÁN LOS CREYENTES QUE RECHAZAN LA LIVIANDAD Y EL LIBERTINAJE QUE VEMOS HOY?CRISTIANO,¿DÓNDE ESTÁN TUS COMENTARIOS EN LAS REDES SOCIALES DENUNCIANDO Y RECHAZANDO EL ESTADO ACTUAL DE TU PAÍS EN TÉRMINOS ÉTICOS,VALÓRICOS Y EDUCACIONALES?
TRISTEMENTE NO ESTÁN,USAS LAS REDES SOCIALES PARA ANUNCIAR,COMUNICAR Y/O ABANDERIZÁRTE CON CAUSAS POLÍTICAS,DEPORTIVAS,ETC;OTROS,AÚN MAS ALIENADOS,SE DIVIERTEN CON LA FARÁNDULA,LOS HORÓSCOPOS,LOS "ME GUSTA TAL PÁGINA"....
IGLESIA DE CRISTO¡DESPERTEMOS!LO QUE ESTAMOS VIENDO HOY NO ES CASUALIDAD,NO ES "ASÍ ES LA VIDA",¡NO! ES MAS QUE SEÑALES DE LOS TIEMPOS,¡ES EL INFIERNO ABRIÉNDOSE BAJO NUESTROS PIES!! YA TUVIMOS UNA MARCHA,PERO NO PAREMOS DE INTERCEDER Y ORAR A FAVOR DE NUESTRA NACIÓN;ELÍ(1 SAMUEL 3.13) FUÉ APARTADO DEL SACERDOCIO POR "NO ESTORBAR A SUS HIJOS",HERMANOS,¡¡ESTORBEMOS A SATANÁS POR MEDIO DE LA ORACIÓN,LA INTERCESIÓN Y EL CLAMOR!!
A FIN DE CUENTAS,SERÁN NUESTROS HIJOS Y NIETOS QUIENES TAL VEZ NOS PEDIRÁN CUENTAS POR NUESTRO SILENCIO;¿TIENES FACEBOOK,TWITTER,NETLOG,BLOG,ETC? ¡¡ÚSALO EN ESPARCIR LA PALABRA DE DIOS Y SU VOLUNTAD PARA LA SOCIEDAD!!
"Dios no deja que las naciones lleven a cabo sus planes; Dios no deja que los pueblos realicen sus planes malvados.
Pero Dios cumple sus propios planes, y realiza sus propósitos.
¡Dios mío, tú bendices al pueblo que te reconoce como Dios! ¡Tú bendices a la nación que te acepta como dueño!
Sal 33:13 Desde tu trono en el cielo te fijas en toda la gente; desde tu trono vigilas a todos los habitantes del mundo..." SALMO 33.10 (BLS)
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testimonio
viernes, 12 de agosto de 2011
DIPUTADOS CONTRA MATRIMONIO GAY
En compañía de iglesias evangélicas:
Hasbún y Arenas (UDI) ingresaron su proyecto contra matrimonio gay
Dijeron que el Acuerdo de Vida en Pareja atenta contra la familia. Su moción es apoyada por el DC Jorge Sabag.
Marcelo Pinto
Antares Varela, la misma joven que esta semana interrumpió la presentación del proyecto gubernamental Acuerdo de Vida en Pareja, acompañó ayer a dos diputados de la UDI en la reposición de un proyecto constitucional que busca declarar inconstitucional el matrimonio entre homosexuales.
La muchacha formaba parte de una delegación de aproximadamente veinte líderes evangélicos que acudieron hasta el Congreso Nacional para apoyar a los principales promotores de la iniciativa: los parlamentarios Gonzalo Arenas y Gustavo Hasbún.
"Como Iglesia Evangélica expresamos nuestro más profundo rechazo al proyecto de ley presentado por el Presidente de la República (AVP), porque debilita profundamente la institución de la familia", proclamó Eduardo Durán, pastor de la Catedral Evangélica de Santiago y destacada figura nacional de esa confesión.
La UDI es el único partido que ha manifestado "en bloque" su rechazo al AVP, uno de cuyos propósitos es regular las uniones de hecho de personas del mismo sexo. Distintas colectividades de oposición y algunos integrantes de RN, en cambio, han planteado su adhesión a la iniciativa.
Arenas y Hasbún suscribieron la reposición del proyecto de ley junto a otros siete diputados de la UDI. Entre ellos se cuenta Patricio Melero, presidente de la Cámara, cuya figuración en la nómina fue interpretada como una señal de la sensibilidad que genera el tema en esa tienda. Entre los firmantes del documento aparece también el democratacristiano Jorge Sabag.
La iniciativa se conoció en momentos en que La Moneda se encuentra a punto de remitir la propuesta del AVP al Congreso, probablemente a través del Senado, donde se anticipan nuevos "enfrentamientos" por el tema entre la UDI y otros partidos (ver recuadro).
Hasbún y Arenas sostuvieron que la iniciativa de Palacio debilita la institución del matrimonio, así como la familia, pues, según ellos, abre la puerta a un matrimonio entre personas del mismo sexo.
Von Baer y Lagos Weber anticipan "choque" en el Senado
En una posición expectante permanecen los senadores ante el inminente ingreso del proyecto del AVP a través de la Cámara Alta.
La ex vocera de Gobierno y recién asumida senadora Ena Von Baer anticipó con su opinión la postura que podría asumir su partido cuando se inicie la discusión de la iniciativa.
"Es un proyecto que establece líneas demasiado frágiles de separación o diferenciación entre el matrimonio, que es la base de la sociedad, y este acuerdo para la vida en pareja", planteó la parlamentaria.
Desde la oposición, el senador Ricardo Lagos Weber (PPD) criticó la postura UDI y vaticinó un amplio apoyo para el proyecto.
"La UDI siempre va a trastiempo de lo que ocurre en Chile. Si entra por el Senado, creo que va ser apoyado. Creo que contaremos con el apoyo de varios senadores de derecha, de RN sobre todo", planteó.
En esa línea, el jefe de bancada de RN, diputado Cristián Monckeberg, dijo que en su partido hay personas a favor y otras en contra del AVP, pero destacó que en su tienda la iniciativa ha sido tratada con "altura de miras, amplitud y libertad".
Hasbún y Arenas (UDI) ingresaron su proyecto contra matrimonio gay
Dijeron que el Acuerdo de Vida en Pareja atenta contra la familia. Su moción es apoyada por el DC Jorge Sabag.
Marcelo Pinto
Antares Varela, la misma joven que esta semana interrumpió la presentación del proyecto gubernamental Acuerdo de Vida en Pareja, acompañó ayer a dos diputados de la UDI en la reposición de un proyecto constitucional que busca declarar inconstitucional el matrimonio entre homosexuales.
La muchacha formaba parte de una delegación de aproximadamente veinte líderes evangélicos que acudieron hasta el Congreso Nacional para apoyar a los principales promotores de la iniciativa: los parlamentarios Gonzalo Arenas y Gustavo Hasbún.
"Como Iglesia Evangélica expresamos nuestro más profundo rechazo al proyecto de ley presentado por el Presidente de la República (AVP), porque debilita profundamente la institución de la familia", proclamó Eduardo Durán, pastor de la Catedral Evangélica de Santiago y destacada figura nacional de esa confesión.
La UDI es el único partido que ha manifestado "en bloque" su rechazo al AVP, uno de cuyos propósitos es regular las uniones de hecho de personas del mismo sexo. Distintas colectividades de oposición y algunos integrantes de RN, en cambio, han planteado su adhesión a la iniciativa.
Arenas y Hasbún suscribieron la reposición del proyecto de ley junto a otros siete diputados de la UDI. Entre ellos se cuenta Patricio Melero, presidente de la Cámara, cuya figuración en la nómina fue interpretada como una señal de la sensibilidad que genera el tema en esa tienda. Entre los firmantes del documento aparece también el democratacristiano Jorge Sabag.
La iniciativa se conoció en momentos en que La Moneda se encuentra a punto de remitir la propuesta del AVP al Congreso, probablemente a través del Senado, donde se anticipan nuevos "enfrentamientos" por el tema entre la UDI y otros partidos (ver recuadro).
Hasbún y Arenas sostuvieron que la iniciativa de Palacio debilita la institución del matrimonio, así como la familia, pues, según ellos, abre la puerta a un matrimonio entre personas del mismo sexo.
Von Baer y Lagos Weber anticipan "choque" en el Senado
En una posición expectante permanecen los senadores ante el inminente ingreso del proyecto del AVP a través de la Cámara Alta.
La ex vocera de Gobierno y recién asumida senadora Ena Von Baer anticipó con su opinión la postura que podría asumir su partido cuando se inicie la discusión de la iniciativa.
"Es un proyecto que establece líneas demasiado frágiles de separación o diferenciación entre el matrimonio, que es la base de la sociedad, y este acuerdo para la vida en pareja", planteó la parlamentaria.
Desde la oposición, el senador Ricardo Lagos Weber (PPD) criticó la postura UDI y vaticinó un amplio apoyo para el proyecto.
"La UDI siempre va a trastiempo de lo que ocurre en Chile. Si entra por el Senado, creo que va ser apoyado. Creo que contaremos con el apoyo de varios senadores de derecha, de RN sobre todo", planteó.
En esa línea, el jefe de bancada de RN, diputado Cristián Monckeberg, dijo que en su partido hay personas a favor y otras en contra del AVP, pero destacó que en su tienda la iniciativa ha sido tratada con "altura de miras, amplitud y libertad".
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HOMOSEXUALIDAD Y BIBLIA
martes, 9 de agosto de 2011
TRANSFORMA CHILE
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FAMILIA
domingo, 7 de agosto de 2011
RENUÉVAME
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SANTO ES EL SEÑOR
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AQUÍ ESTOY
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viernes, 5 de agosto de 2011
domingo, 31 de julio de 2011
UN LLAMADO A LOS INCONVERSOS,CHARLES SPURGEON
Querido lector, ¿eres creyente o no lo eres? Según como respondas a esta pregunta, elegiré el estilo de dirigirme a ti el día de hoy. Yo te pediría como un gran favor para tu propia alma, que esta noche no pienses que estás sentado en una capilla, oyendo a un ministro que está predicando a una gran congregación. Piensa que estás sentado en tu propia casa, en tu propia silla, e imagina que yo estoy a tu lado, sosteniendo tu mano en la mía, hablándote a ti, y solamente a ti; pues así es como deseo predicar hoy a cada uno de mis lectores: uno por uno. Entonces, antes de empezar, quiero que tú me respondas, delante de Dios, esta pregunta solemne y de suma importancia: ¿estás en Cristo o no estás? ¿Has huido buscando refugio en Él, Quien es la única esperanza para los pecadores? O, ¿eres todavía un extraño para la nación de Israel, ignorante de Dios y de Su santo Evangelio? Sé honesto con tu propio corazón, y deja que tu conciencia responda: sí, o no, pues tu condición hoy, responde a una de estas dos situaciones: o estás bajo la ira de Dios, o has sido librado de ella. Tú eres en este día, ya sea el blanco de la ira, o un heredero del reino de la gracia. ¿Cuál de las dos situaciones es tu condición?
En tu respuesta no recurras a ninguno de los condicionantes "si" o "pero". Responde con sinceridad a tu propia alma; y si tienes alguna duda al respecto, te suplico que no descanses hasta que hayas resuelto esa duda. No utilices esa duda en tu propio provecho, sino más bien úsala en tu contra. Puedes estar seguro que es más probable que te equivoques, en lugar de que estés en lo correcto; y ahora ponte tú mismo en la balanza, y si no inclinas completamente alguno de los platillos, y quedas equilibrado entre los dos, diciendo: "no sé cuál de los dos," es mejor que te decidas por la peor de las respuestas, aunque te duela, y no que elijas la mejor, siendo engañado, y así prosigas presuntuosamente, hasta que el abismo del infierno te despierte de tu propio engaño. ¿Puedes, entonces, con una mano puesta sobre la santa palabra de Dios, y con la otra mano sobre tu propio corazón, alzar tus ojos al cielo, y decir: "Una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo; yo sé que he pasado de muerte a vida; ya no soy lo que antes fui; 'yo soy el primero de los pecadores, pero Jesús murió por mí;' y si no estoy terriblemente engañado, hoy soy, 'un pecador salvado por la sangre, un monumento a la gracia'"?
Hermano mío, que Dios te ayude; la bendición del Altísimo sea contigo. Mi texto no contiene truenos para ti. En lugar de este versículo, busquen el versículo 13, y lean allí su herencia: "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)." Así que Cristo fue hecho maldición en tu lugar, y tú estás seguro, si realmente has sido convertido, y si en verdad eres un regenerado hijo de Dios.
Mi querido amigo, estoy solemnemente convencido de que una gran proporción de esta asamblea no se atrevería a afirmarlo; y tú hoy recuerda (pues estoy hablando personalmente a cada uno de ustedes), que eres uno de esos que no se atreve a afirmarlo, pues eres un extraño para la gracia de Dios. Tú no te atreverías a mentir delante de Dios y de tu propia conciencia, y por tanto dices honestamente: "yo sé que nunca he sido regenerado; soy ahora lo que siempre fui, y eso es lo más que puedo decir." Entonces, contigo tengo que tratar: te exhorto por Él, que juzgará a vivos y muertos, ante Quien tú y yo deberemos presentarnos, que escuches las palabras que predico, pues pudiera ser la última advertencia que oigas jamás, y exhorto también a mi propia alma: sé fiel a estos hombres moribundos, para que no sea hallada al fin en tus faldas, la sangre de las almas, y tú misma seas desechada. Oh Dios, haznos fieles hoy, y danos el oído que oye, y la memoria que retiene, y la conciencia tocada por el Espíritu, en el nombre de Jesús.
En primer lugar, hoy vamos a juzgar al prisionero; en segundo lugar, vamos a decretar su sentencia; y en tercer lugar, si nos enteramos que confiesa sus pecados y se vuelve penitente, vamos a proclamar su liberación; pero no la proclamaremos a menos que comprobemos que lo haga.
I. Entonces, en primer lugar, estamos a punto de JUZGAR AL PRISIONERO.
El texto dice: "Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas." Hombre inconverso, ¿eres culpable o no eres culpable? ¿Has permanecido "en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas"? Me parece que no te atreverías a declararte: "inocente." Pero voy a suponer por un momento que eres lo suficientemente audaz para hacerlo. Así que, entonces, amigo mío, quieres sostener que has permanecido "en todas las cosas escritas en el libro de la ley." De cierto la simple lectura de la ley debería ser suficiente para convencerte que estás en el error. ¿Acaso sabes lo que es la ley? Vamos, te voy a dar lo que podría llamarse una pincelada exterior de la ley, pero recuerda que dentro de ella hay un espíritu más profundo, no expresado por las simples palabras.
Escucha estas palabras de la ley: "No tendrás dioses ajenos delante de mí." ¡Qué! ¿No has amado jamás alguna otra cosa más que a Dios? ¿Nunca has hecho un Dios de tu vientre, o de tu negocio, o de tu familia, o de tu propia persona? ¡Oh!, seguramente no te atreverías a decir que eres inocente en esto. "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. ¡Qué!, ¿nunca en tu vida has puesto algo en el lugar de Dios? Si tú no lo has hecho, yo sí, y muchas veces. Y yo sé que si tu conciencia hablara con sinceridad, te diría: "¡hombre, tú has sido un adorador de las riquezas, has sido un adorador del vientre, te has inclinado delante del oro y la plata; te has postrado delante del honor, te has inclinado ante el placer, has hecho un dios de tu borrachera, un dios de tu concupiscencia, un dios de tu inmundicia, un dios de tus placeres!" ¿Te atreverías a decir que jamás has tomado el nombre de Jehová tu Dios en vano? Si nunca has jurado profanamente, seguramente en la conversación común, has hecho uso algunas veces del nombre de Dios, cuando no debías haberlo hecho. Responde: ¿has santificado siempre ese santísimo nombre? ¿Nunca has nombrado a Dios sin necesidad? ¿Acaso nunca has leído Su libro con un espíritu frívolo? ¿Nunca has oído Su Evangelio sin la debida reverencia? Seguramente eres culpable de esto. Y en cuanto al cuarto mandamiento, relativo a guardar el día de reposo: "Acuérdate del día de reposo para santificarlo." ¿Nunca lo has quebrantado? ¡Oh, calla la boca y confiésate culpable, pues estos cuatro mandamientos serían suficientes para condenarte!
"Honra a tu padre y a tu madre." ¿Me dirás que has guardado ese mandamiento? ¿Acaso nunca fuiste desobediente en tu juventud? ¿Nunca has pisoteado el amor de tu madre, y nunca has pugnado con las llamadas de atención de tu padre? Pasa las páginas de tu historia hasta llegar a tu niñez: ve si no puedes comprobar que ya está escrito allí; ay, y tu madurez podría confesar que no siempre has hablado a tus padres como debías, y no siempre los has tratado con ese honor que merecían, y que Dios te mandó que les dieras. "No matarás;" tal vez no has matado a nadie nunca, pero ¿acaso no te has enojado nunca? Cualquiera que se enoja contra su hermano es un asesino; tú eres culpable en esto. "No cometerás adulterio." Tal vez has realizado actos inmundos y en este preciso día estás manchado de lascivia; pero si has sido muy casto, estoy seguro que no estás exento de culpa, cuando el Señor dice: "Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón." ¿Acaso ningún pensamiento lascivo ha atravesado por tu mente? ¿Acaso ninguna impureza ha sacudido tu imaginación? De seguro que si te atrevieras a afirmarlo, serías un impúdico desvergonzado. Y, ¿acaso nunca has robado? "No hurtarás:" tal vez estás hoy aquí en medio de la multitud con el producto de tu robo; has cometido ese acto; has perpetrado un robo; pero si has sido muy honesto, ha habido momentos en los que has sentido una inclinación a defraudar a tu vecino, hasta podrían haber existido algunos pequeños fraudes, o tal vez algunos más graves que has cometido secreta y silenciosamente, en los que la ley civil no te pudo echar mano, pero que, no obstante, fueron un quebrantamiento de esta ley. Y, ¿quién se atrevería a afirmar que no ha hablado contra su prójimo falso testimonio? ¿Acaso no hemos repetido nunca alguna historia que fuera en detrimento de nuestro vecino y que era falsa? ¿Acaso nunca hemos malinterpretado sus motivos? ¿Acaso nunca hemos entendido siniestramente sus planes? Y, ¿quién de nosotros se atrevería a decir que es inocente del último mandamiento: "No codiciarás"? Pues todos hemos deseado tener más de lo que Dios nos ha dado; y a veces nuestro corazón descarriado ha codiciado cosas que el Señor no nos ha concedido. Vamos, si nos declaramos inocentes, estaríamos anunciando nuestra propia insensatez; pues, en verdad, hermanos míos, la simple lectura de la ley es suficiente, si somos bendecidos por el Espíritu, para conducirnos a declararnos: "culpables, oh Señor, culpables."
Pero alguien exclama: "yo no me declararé culpable, pues aunque estoy muy consciente que no he permanecido 'en todas las cosas escritas en el libro de la ley', he hecho lo mejor que he podido." Esa es una mentira; delante de Dios es una falsedad. ¡No lo has hecho! No has hecho lo mejor que podías. Ha habido muchas ocasiones en las que pudiste haber realizado un mejor esfuerzo. ¿Acaso aquel joven que está allá, se atrevería a decirme que está haciendo lo mejor que puede ahora? ¿Que no puede reprimir su risa en la casa de Dios? Es posible que sea difícil para él que lo haga, pero es posible que pudiera, si quisiera, refrenarse de insultar a su Hacedor en Su cara. De cierto, ninguno de nosotros ha hecho lo mejor que podía. En cada período, en cada momento, ha habido oportunidades de escapar de la tentación. Si no hubiéramos tenido ninguna libertad de escapar del pecado, podría haber alguna excusa por él; pero ha habido puntos decisivos en nuestra historia cuando habríamos podido decidir por lo correcto o lo incorrecto, pero hemos hecho el mal y hemos evitado el bien, y nos hemos dirigido a ese camino que conduce al infierno.
"Ah, pero yo declaro, señor," dice otro, "que aunque es cierto que he quebrantado esa ley, sin duda alguna, no he sido peor que mis semejantes." Y, por cierto, ese es un argumento muy triste, pues ¿de qué te sirve? Ser condenado en grupo no te sirve de más consuelo, que si eres condenado tú solo. Es cierto que no has sido peor que tus semejantes, pero esto no te servirá de nada. Cuando los impíos sean arrojados en el infierno, será de muy poco consuelo para ti que Dios diga: "Apartaos de mí, malditos" a mil personas junto contigo. Recuerda que la maldición de Dios, cuando arrastre a una nación al infierno, será sentida por cada individuo de la muchedumbre de igual manera como si el castigo fuera para un solo individuo. Dios no es como nuestros jueces terrenales. Si sus tribunales estuvieran saturados de prisioneros, podrían sentirse inclinados a tratar superficialmente muchos casos. Pero con Jehová no sucede lo mismo. Él es tan infinito en Su mente, que la abundancia de criminales no será una dificultad para Él. Tratará contigo con la misma severidad y justicia como si no hubiese ningún otro pecador en todo el mundo.
Y yo te pregunto: ¿qué tienes que ver con los pecados de otros hombres? Tú no eres responsable de ellos. Dios determinó que tú te sostengas o caigas por ti mismo. De acuerdo a tus propias acciones serás juzgado. El pecado de la ramera puede ser más grave que el tuyo, pero tú no serás condenado por sus iniquidades. La culpa del asesino puede sobrepasar en mucho tus transgresiones, pero tú no serás condenado por el asesino. Oh, hombre, la religión es algo entre Dios y tu propia alma; y por tanto, te imploro que no mires al corazón de tu vecino, sino a tu propio corazón.
"Ay," exclama alguien, "pero yo me he esforzado muchas veces para guardar la ley, y pienso que lo he logrado por algún tiempo." Escucha otra vez la lectura del versículo: "Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas." ¡Oh, señores!, no es algún rubor febril en las mejillas que brota por una irresolución enfermiza, lo que Dios reconoce como la salud de la obediencia. No se trata de una ligera obediencia durante una hora, lo que Dios aceptará en el día del juicio. Él usa la palabra "permaneciere;" y a menos que desde mi más temprana niñez hasta el día en que mis cabellos grises desciendan a la tumba, haya permanecido en obediencia a Dios, deberé ser condenado. A menos que haya servido obedientemente a Dios, desde el primer despertar de la razón, cuando comencé a ser responsable, hasta que, como una mata de trigo, sea juntado en el granero de mi Señor, la salvación por obras será imposible para mí, y yo seré condenado si estoy apoyado en mi propio fundamento. No es, lo afirmo, alguna fluctuante obediencia lo que salvará al alma. Tú no has permanecido "en todas las cosas escritas en el libro de la ley," y por tanto estás condenado.
"Pero," dirá otro, "hay muchas cosas que no he hecho, pero a pesar de todo he sido muy virtuoso." Esa, también, es una pobre excusa. Supón que has sido virtuoso; supón que has evitado muchos vicios: lee mi texto. No es mi palabra, sino la palabra de Dios, léelo: "todas las cosas." No dice: "algunas cosas." "Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas." Ahora, ¿has puesto en práctica todas las virtudes? ¿Te has apartado de todos los vicios? ¿Te puedes poner de pie y declarar: "nunca fui un borracho"? Sin embargo, serás condenado, si has sido un fornicario. ¿Respondes acaso: "nunca fui inmundo"? Sin embargo, has quebrantado el día de reposo. ¿Te declaras culpable de ese cargo? ¿Acaso declaras que nunca has quebrantado el día de reposo? Tú has tomado el nombre de Dios en vano, ¿no es cierto? En alguna parte u otra, la ley de Dios te puede herir. Es cierto (deja ahora que hable tu conciencia y afirme lo que yo asevero), es cierto que no has permanecido "en todas las cosas escritas en el libro de la ley." Es más, estoy convencido que no has permanecido plenamente en ningún mandamiento de Dios, pues el mandamiento es sumamente amplio. No es el acto patente, simplemente, el que condenará a un hombre; es el pensamiento, la imaginación, la concepción del pecado, los que bastan para arruinar al alma. Recuerden, mis queridos lectores, que estoy predicando ahora la propia palabra de Dios, no una rigurosa doctrina de mi propiedad. Si nunca hubiesen cometido un solo acto de pecado, el puro pensamiento de pecado, la simple imaginación del pecado bastarían para arrastrar al alma al infierno para siempre.
Si hubieses nacido en una celda, y no hubieras podido salir nunca al mundo, ya fuera para cometer actos de lascivia, asesinato o robo, bastaría el pensamiento del mal en esa celda solitaria, para apartar tu alma para siempre del rostro de Dios. ¡Oh!, no hay nadie aquí que pueda tener la esperanza de escapar. Cada uno de nosotros debe inclinar su cabeza delante de Dios, y clamar: "culpable, Señor, culpable, cada uno de nosotros es culpable: 'Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.'" Cuando miro tu rostro, oh Ley, mi espíritu tiembla de horror. Cuando escucho tus truenos, mi corazón se derrite como la cera en medio de mis entrañas. ¿Cómo podría soportarte? Si voy a ser juzgado al fin por mi vida, de seguro no necesitaré un juez, pues yo seré mi propio acusador voluntario, y mi conciencia será un testigo para condenarme.
Pienso que no necesito alargarme más en este punto. Oh, tú, que estás sin Cristo y sin Dios, ¿no permaneces condenado delante de Él? Quítate todas las máscaras, y desecha todas las excusas; que cada uno de nosotros arroje al viento todas sus vanas pretensiones. A menos que contemos con la sangre y la justicia de Cristo para que nos cubran, cada uno de nosotros debe reconocer que esta sentencia cierra las puertas del cielo en nuestra cara, y únicamente nos prepara para las llamas de la perdición.
II. De esta manera he juzgado el carácter, y ha sido encontrado culpable; ahora tengo que DECLARAR LA SENTENCIA.
A los ministros de Dios no les gusta para nada un trabajo como este. Yo preferiría pararme en este púlpito y predicar veinte sermones acerca del amor de Jesús, que predicar uno como este. Muy raramente toco este tema, pues no creo que sea necesario hacerlo a menudo; pero siento que si estas cosas se guardaran completamente en el trasfondo, y la ley no fuera predicada, el Señor no bendeciría ese evangelio; pues Él quiere que ambos temas sean predicados en su medida, y cada uno debe tener su propia prominencia. Ahora, por tanto, óiganme mientras les digo, lleno de tristeza, cuál es la sentencia contra todos ustedes que están sin Cristo, el día de hoy.
Pecador, tú eres maldito en este día. Tú eres maldito, no por algún hechicero cuyo ensalmo imaginario aterra únicamente al ignorante. Has sido maldecido, no por algún monarca terrenal que podría enviar sus tropas contra ti, y apoderarse rápidamente de tu casa y de tu patrimonio. ¡Maldito! ¡Oh, qué terrible cosa es una maldición de cualquier tipo! Qué cosa tan sobrecogedora es la maldición de un padre. Hemos oídos de algunos padres que, conducidos a la locura por la conducta desobediente y ofensiva de sus hijos, han alzado sus manos al cielo, y han implorado una maldición, una maldición fulminante sobre sus hijos. No podemos excusar el acto insensato e irreflexivo de ese padre. No podríamos eximirlo de pecado; pero, oh, la maldición de un padre debe ser horrenda. No puedo imaginar qué sería ser maldecido por la persona que me engendró. Seguramente apagaría la luz del sol de mi historia para siempre, si fuese merecida. Pero ser maldecido por Dios: no tengo palabras para decirles qué debe ser eso. "Oh, no," dirás, "eso pertenece al futuro; no nos importa la maldición de Dios; no está cayendo sobre nosotros ahora." No, alma, sí está cayendo. La ira de Dios está sobre ti, incluso ahora. Todavía no has llegado al punto de conocer la plenitud de esa maldición, pero maldito eres en esta misma hora. Todavía no estás en el infierno; todavía Dios no se ha agradado en cerrar las entrañas de Su compasión, y arrojarte para siempre de Su presencia; pero a pesar de todo ello, eres maldito. Busca el pasaje en el libro de Deuteronomio, y comprueba cómo la maldición es algo que está presente en el pecador. En el capítulo 28 de Deuteronomio, en el versículo 15 y siguientes, leemos todo esto como la sentencia del pecador: "Maldito serás tú en la ciudad," donde realizas tus negocios, Dios te maldecirá. "Y maldito en el campo," donde tomas tu recreo; donde vayas, allí te alcanzará la maldición. "Maldita tu canasta, y tu artesa de amasar. Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas. Maldito serás en tu entrar, y maldito en tu salir." Hay algunos hombres sobre quienes esta maldición es muy visible. Ellos alcanzan riquezas, pero allí está la maldición de Dios en sus riquezas. Yo no querría tener el oro de algunos hombres ni por todas las estrellas, aunque fueran de oro: y si pudiese tener toda la riqueza del mundo, pero tuviera que tener la avaricia del tacaño, preferiría ser pobre que tener esa riqueza. Hay algunos hombres que son visiblemente malditos. ¿No ves al borracho? Él es maldito, no importa dónde vaya. Cuando llega a su casa, sus pequeños hijos suben corriendo a sus camas, pues tienen miedo de ver a su propio padre; y cuando crecen un poco más, comienzan a beber igual que él, y lo seguirán y lo imitarán; y ellos también comenzarán a blasfemar, de tal manera que el borracho es maldito en el fruto de su cuerpo. Él pensó que no era tan malo que fuera un borracho y que blasfemara; oh, pero qué dolor atraviesa la conciencia del padre, si es que tiene conciencia, cuando ve a su hijo siguiendo sus pasos. La borrachera atrae tal maldición sobre un hombre, que no puede disfrutar lo que come. Maldita es su canasta y su artesa de amasar. Y en verdad, aunque un vicio dé la impresión que atrae la maldición más que otros, todo pecado acarrea la maldición, aunque no siempre la veamos.
¡Oh!, tú que estás sin Dios, y sin Cristo, y eres un extraño para Jesús, tú eres maldito donde te sientes, y maldito donde te pares; maldita es la cama sobre la que te acuestas; maldito el pan que comes; maldito el aire que respiras. Todo es maldito para ti. No importa donde vayas, eres un hombre maldito. ¡Ah!, ese es un pensamiento espantoso. ¡Oh!, algunos de ustedes son malditos hoy. ¡Oh, que un hombre tenga que decir eso de sus hermanos! Pero debemos decirlo, o no seríamos fieles a sus pobres almas agonizantes. Oh, Dios quiera que alguna pobre alma dijera en este lugar: "entonces yo soy maldito en este día; maldito por Dios, y maldito por Sus santos ángeles: ¡maldito! ¡Maldito! ¡Maldito! Soy maldito pues estoy bajo la ley." Pienso en verdad que, con la bendición de Dios el Espíritu Santo en ella, sólo se necesita esa única palabra: "¡maldito!" "Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas."
Pero ahora, querido lector, tú que te encuentras en este estado, impenitente e incrédulo, tengo trabajo por delante antes de concluir. Recuerda, la maldición que reciben los hombres en esta vida, no es nada comparada con la maldición que caerá sobre ellos en el más allá. En unos breves años, tú y yo vamos a morir. Vamos, hablaré contigo sobre una base personal otra vez: joven amigo, pronto envejeceremos, o, tal vez, moriremos antes de ese momento, y seremos colocados en nuestras camas (la última cama sobre la que dormiremos jamás), y vamos a despertar de nuestro último sueño para oír las lúgubres nuevas que no tenemos esperanza; ¡el médico tomará nuestro pulso, y asegurará solemnemente a nuestros parientes que todo ha terminado! Y yaceremos inmóviles en ese cuarto, donde todo calla excepto el tictac del reloj, y el llanto de nuestra esposa e hijos; y vamos a morir. ¡Oh, cuán solemne será esa hora cuando tengamos que combatir con ese enemigo, la Muerte! Los estertores de la muerte están en nuestra garganta (a duras penas podemos articular algo), tratamos de hablar, el barniz de la muerte está sobre nuestros ojos: la Muerte ha puesto sus dedos en esas ventanas del cuerpo, y ha apagado la luz para siempre; las manos se niegan a alzarse, y allí estamos, ¡acercándonos a los límites de la tumba! ¡Ah, ese momento, cuando el espíritu ve su destino; ese momento, el más solemne de todos los momentos, cuando el alma mira al mundo venidero a través de los barrotes de su jaula! No, no puedo decirles lo que siente el espíritu, si es un espíritu impío, cuando ve el trono ardiente del juicio, y oye los truenos de la ira de Todopoderoso, cuando no hay sino un instante entre eso y el infierno. ¡No puedo describirles cuál será el terror que sentirán los hombres, cuando experimenten aquello que a menudo escucharon! ¡Ah!, está bien que se rían de mí esta noche. Cuando se vayan, será algo divertido hacer un chiste relativo a lo que dijo el predicador; que comenten entre sí, y se diviertan con todo esto. Pero cuando estén en sus lechos de muerte, no se reirán. Ahora, la cortina está cerrada y no pueden ver las cosas del futuro; está bien que se diviertan. Cuando Dios corra esa cortina y se den cuenta de la solemne realidad, no van a poder encontrar bromas en su corazón. Acab, sentado en su trono, se reía de Micaías. Sin embargo, no leemos que Acab se haya reído de Micaías cuando la flecha se clavó por entre las junturas de su armadura. En los tiempos de Noé, la gente se reía del viejo; le llamaban un necio decrépito, no lo dudo, porque les decía que Dios estaba a punto de destruir la tierra con un diluvio. Pero, ¡ah!, ustedes burladores, ustedes no se reían en aquel día cuando las cataratas estaban desplomándose del cielo, y cuando Dios abrió las puertas del gran abismo, y dio la orden a todas las aguas escondidas que salieran con ímpetu a la superficie; entonces se dieron cuenta que Noé tenía razón. Y cuando se aproxime la hora de su muerte, tal vez ustedes no se reirán de mí. Dirán, cuando estén en ese trance: "puedo recordar que una cierta noche caminé a la calle Park Street; escuché a un hombre que hablaba muy solemnemente; en aquel momento decidí que no me gustaba, pero sabía que era sincero, tenía la certeza que quería mi bien; ¡oh, que hubiera escuchado con atención su consejo; oh, que hubiera considerado sus palabras!
¡Ah!, no hace mucho, un hombre que se había reído y se había burlado de mí muchas veces, fue un domingo a Brighton, para pasar ese día en una excursión. ¡Regresó esa misma noche para morir! El lunes por la mañana, cuando se estaba muriendo, ¿a quién creen que buscó? ¡Necesitaba que viniera el señor Spurgeon! Necesitaba al hombre del que siempre se había reído; necesitaba que viniera y le enseñara el camino al cielo, y le señalara al Salvador. Y aunque me alegré de ir, fue una tarea triste tener que hablarle a un hombre que acababa de quebrantar el día de reposo, y que había gastado su tiempo al servicio de Satanás, y había regresado a casa a morir. Y efectivamente se murió, sin una Biblia en su hogar, sin que se ofrecieran oraciones por él, excepto la oración que yo ofrecí junto a su lecho.
¡Ah!, es extraño cómo la visión del lecho de un moribundo puede ser bendecida para estimular nuestro celo. Hace un año, más o menos, estuve junto al lecho de un pobre muchacho, de aproximadamente dieciséis años de edad, que había estado bebiendo hasta provocar su muerte, en un episodio alcohólico que tuvo lugar como una semana antes. Cuando le hablé acerca del pecado y de la justicia, y del juicio venidero, sé que tembló, y pensé que se había aferrado a Jesús. Cuando bajé las escaleras, después de orar por él muchas veces, y de tratar de que mirara a Jesús, y no teniendo sino una débil esperanza de su salvación final, pensé dentro de mí: ¡Oh Dios!, quisiera poder predicar cada hora, y cada momento del día, las inescrutables riquezas de Cristo; pues qué cosa tan terrible es morir sin un Salvador. Y luego recordé cuántas veces había estado en el púlpito, y no había predicado con el denuedo con que debí haber predicado; cómo he narrado con frialdad la historia del Salvador, cuando debí haber llorado torrentes de lágrimas, con emoción abrumadora. En muchas ocasiones he ido a mi cama, y he llorado hasta quedarme dormido, porque no he predicado como he deseado, y sucederá lo mismo esta noche. Pero, ¡oh, la ira venidera! ¡La ira venidera! ¡La ira venidera!
Mis queridos lectores, los temas de los que ahora hablo no son sueños, ni fraudes, ni chifladuras, ni viejas historias de comadres. Son realidades y pronto las verificarán. Oh pecador, tú que no has permanecido en todas las cosas escritas en el libro de la ley; tú que no tienes a Cristo; se aproxima el día cuando estas cosas estarán frente a ti, como cosas reales, solemnes y terribles. Y entonces; ¡ah!, entonces; ¡ah!, entonces, ¿qué harás? "Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio." Oh, imagínense:
"La pompa de ese tremendo día,
Cuando Cristo venga con las nubes."
Creo que veo ese terrible día. La campana del tiempo ha tañido el último día. Ahora viene el funeral de las almas condenadas. Tu cuerpo se acaba de levantar de la tumba, y te desatas la mortaja encerada, y miras hacia arriba. ¿Qué es lo que veo? ¡Oh!, ¿qué es lo que oigo? Oigo una explosión tremenda y terrible, que sacude los pilares del cielo, y hace que el firmamento se tambalee de espanto; la trompeta, la trompeta, la trompeta del arcángel sacude los últimos límites de la creación. Miras y quedas pasmado. Súbitamente se escucha una voz, y unos dan alaridos, y otros cantan himnos, Él viene, Él viene, Él viene; todo ojo le verá. Allí está; el trono descansa sobre una nube, blanca como el alabastro. Allí está sentado. "Es Él, el Hombre que murió en el Calvario (veo Sus manos traspasadas), pero, ¡ah, cuán cambiado está! No tiene una corona de espinas. Estuvo ante el tribunal de Pilato, pero ahora la tierra entera debe estar ante Su tribunal. Pero ¡escuchen! La trompeta suena otra vez: el Juez abre el libro, hay un silencio en el cielo, un solemne silencio: el universo está quieto. "Junta a mis escogidos y a mis redimidos de los cuatro vientos del cielo." Rápidamente son juntados. Y como el brillo de un relámpago, el ala de ángel divide a la multitud. Aquí están los justos todos congregados; y, pecador, allá estás tú, a la izquierda, dejado fuera, entregado a soportar la sentencia ardiente de la ira eterna. ¡Escucha! Las arpas del cielo tocan dulces melodías; pero a ti no te traen ningún gozo, mientras los ángeles están repitiendo la bienvenida del Salvador a Sus santos. "Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo." Ustedes han tenido ese momento de respiro, y ahora Su rostro está acumulando nubes de ira, y el trueno está en Su frente; te mira a ti que le has despreciado, a ti que te burlaste de Su gracia, que despreciaste Su misericordia, a ti que quebrantaste Su día de descanso, a ti que te mofaste de Su cruz, a ti que no aceptaste que reinara sobre ti; y con una voz más fuerte que diez mil truenos, Él clama: "Apartaos de mí, malditos." Y luego: . . . no, no continuaré. No hablaré de las llamas inextinguibles. No voy a hablar de los padecimientos del cuerpo, ni de las torturas del espíritu. Pero el infierno es terrible; la condenación es aflictiva. ¡Oh, escapa! ¡Escapa! ¡Escapa, para que, allí donde estás, no tengas que aprender tal vez qué significan los horrores de la eternidad, en el golfo de la eterna perdición! "Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas."
III. LIBERACIÓN PROCLAMADA.
"Nos has condenado a todos," exclama uno. Sí, pero no he sido yo: Dios lo ha hecho. ¿Estás condenado? ¿Sientes esta noche que estás condenado? Ven, otra vez, déjame tomar tu mano, hermano mío: sí, puedo mirar alrededor de toda esta asamblea, y puedo decir que no hay nadie en este lugar a quien no ame como a un hermano. Si le hablo con severidad a cualquiera de ustedes, es para que sepa la verdad. Mi corazón y mi espíritu entero están conmovidos por ustedes. Mis palabras más duras están mucho más llenas de amor que las suaves palabras de los ministros que hablan con tranquilidad, y que dicen: "paz, paz;" y no hay paz. ¿Ustedes piensan que me causa placer predicar de esta manera? ¡Oh!, preferiría mucho más estar predicando acerca de Jesús; de Su dulce y gloriosa persona, y de Su justicia que es completamente suficiente.
Ahora ven aquí, y platiquemos con dulces palabras antes de terminar. ¿Sientes que estás condenado? ¿Dices: "Oh, Dios, yo confieso que serías justo, si hicieras todo esto conmigo"? ¿Sientes que no puedes ser salvado jamás por tus propias obras, sino que estás totalmente condenado por tu pecado? ¿Odias al pecado? ¿Te arrepientes sinceramente? Entonces, déjame decirte cómo puedes escapar.
Hombres y hermanos, Jesucristo, de la simiente de David, fue crucificado, muerto y sepultado; ahora ha resucitado, y está sentado a la diestra de Dios, donde también intercede por nosotros. Él vino a este mundo para salvar a los pecadores, por Su muerte. Él vio que los pobres pecadores eran malditos: Él tomó la maldición sobre Sus propios hombros, y nos salvó de ella. Ahora, si Dios ha hecho maldición a Cristo por algún hombre, no maldecirá a ese hombre de nuevo. Tú me preguntas, entonces: "¿fue Cristo hecho maldición por mí?" Respóndeme esta pregunta, y yo te lo diré: ¿te ha enseñado el Espíritu que eres maldito? ¿Te ha hecho sentir la amargura del pecado? ¿Te ha conducido a clamar: "Dios, sé propicio a mí, pecador"? Entonces, mi querido amigo, Cristo fue hecho maldición por ti; y tú no eres maldito. Tú no eres maldito ahora. Cristo fue hecho maldición por ti. Ten ánimo; si Cristo fue hecho maldición por ti, tú no puedes ser maldito de nuevo. "¡Oh!" dirá alguno, "si pudiera estar convencido que fue hecho maldición por mí." ¿Le ves sangrando en el madero? ¿Ves Sus manos y Sus pies goteando sangre? Míralo, pobre pecador. Ya no te mires más a ti mismo, ni a tu pecado; mírale a Él y sé salvo. Todo lo que te pide que hagas es que mires, y Él te ayudará a hacer incluso eso. Ven a Él, confía en Él, cree en Él. Dios el Espíritu Santo te ha enseñado que tú eres un pecador condenado.
Ahora, te suplico, oye esta palabra y créela: "Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores." Oh, puedes decir: "yo creo en esta Palabra (es verdadera), bendito sea Su amado nombre; es verdad para mí, pues independientemente de lo que no soy, yo sé que soy un pecador; el sermón de hoy me ha convencido de ello, aunque no me hubiera convencido de otra cosa; y, buen Señor, tú sabes que cuando digo que soy un pecador, no quiero decir lo que antes solía decir mediante esa palabra. Quiero decir que soy un pecador real. Quiero decir que si Tú me condenaras, lo merezco; si Tú me echaras de Tu presencia para siempre, sería únicamente lo que he ameritado en abundancia. Oh, mi Señor, yo soy un pecador; soy un pecador desahuciado, a menos que Tú me salves; soy un pecador sin esperanza, a menos que tú me sanes. No tengo ninguna esperanza en mi justicia propia; y, Señor, bendigo Tu nombre, y digo algo más: yo soy un pecador doliente, pues el pecado me aflige; no puedo descansar, estoy atribulado. Oh, si pudiera deshacerme del pecado, sería santo como Dios es santo. Señor, yo creo."
"¡Cómo, señor, creer que Cristo murió por mí simplemente porque soy un pecador!" Sí, así es. "No, señor, pero si yo tuviera un poquito de justicia, si pudiera orar bien, entonces podría pensar que Cristo murió por mí." No, eso no sería fe del todo, eso sería confianza en el yo. La fe cree en Cristo cuando ve que el pecado es negro, y confía en Él para quitarlo por completo. Ahora, pobre pecador, con todo el pecado que tienes, toma esta promesa en tus manos, y vete a casa el día de hoy, o si pudieras, hazlo antes de llegar a casa: vete a casa, digo, sube a tu aposento, solo, de rodillas junto a tu cama, y derrama tu corazón: "oh, Señor, todo lo que ese hombre dijo es verdad; estoy condenado, y, Señor, yo lo merezco. Oh, Señor, he tratado de ser mejor, y no he logrado nada, sino todo lo contrario, me he vuelto peor. Oh, Señor, he restado importancia a Tu gracia, y he despreciado Tu Evangelio: me sorprende que no me hayas condenado hace años; Señor, me maravilla que hayas permitido vivir a un miserable tan ruin, como soy yo. He despreciado la enseñanza de una madre, y he olvidado las oraciones de un padre. Señor, yo te he olvidado; he quebrantado el día de reposo, he tomado Tu nombre en vano. He hecho todo lo que es malo; y si Tú me condenas, ¿qué puedo decir? Señor, me quedo mudo ante Tu presencia. No tengo nada que argumentar. Pero Señor, vengo a decirte el día de hoy que Tú has dicho en la Palabra de Dios: "Al que a mí viene, no le echo fuera." Señor, yo vengo: mi único argumento es que Tú has dicho: "Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores." Señor, yo soy un pecador; Él vino para salvarme a mí; confío en ello (ya sea que me hunda o nade), Señor, esta es mi única esperanza: desecho cualquier otra, y me odio al pensar que jamás haya tenido otra esperanza. Dios, yo descanso únicamente en Jesús. Sálvame, te lo pido, y aunque no espero borrar mi pecado pasado con mi vida futura, oh Señor, te pido que me des un nuevo corazón y un espíritu recto, para que a partir de este momento y por siempre, camine en la senda de Tus mandamientos: pues, Señor, no deseo nada sino sólo ser Tu hijo. Oh, Señor, renunciaría a todo porque Tú me amaras; y estoy motivado a pensar que Tú me amas; pues así lo siente mi corazón. Soy culpable, pero nunca habría sabido que soy culpable, si Tú no me lo hubieras enseñado. Soy vil, pero nunca habría conocido mi vileza, si Tú no me la hubieras revelado. Ciertamente, Tú no me destruirás, oh Dios, después de haberme enseñado esto. Si lo hicieras, serías justo, pero:
'Salva a un pecador tembloroso, Señor,
Cuyas esperanzas revolotean alrededor de Tu Palabra,
Quisiera descansar sobre alguna dulce promesa allí;
Algún apoyo seguro contra la desesperación.'"
Si no pudieras orar con una oración tan larga como esa, te digo que vayas a casa y digas esto: "Señor Jesús, yo sé que no soy absolutamente nada; sé Tú mi precioso todo en todo."
Oh, yo confío en Dios, que habrá algunas personas hoy que serán capaces de orar de esa manera, y si es así, que toquen las campanas del cielo; canten ustedes serafines; griten, ustedes los redimidos; pues el Señor lo ha hecho, y gloria sea dada a Su nombre, por toda la eternidad.
En tu respuesta no recurras a ninguno de los condicionantes "si" o "pero". Responde con sinceridad a tu propia alma; y si tienes alguna duda al respecto, te suplico que no descanses hasta que hayas resuelto esa duda. No utilices esa duda en tu propio provecho, sino más bien úsala en tu contra. Puedes estar seguro que es más probable que te equivoques, en lugar de que estés en lo correcto; y ahora ponte tú mismo en la balanza, y si no inclinas completamente alguno de los platillos, y quedas equilibrado entre los dos, diciendo: "no sé cuál de los dos," es mejor que te decidas por la peor de las respuestas, aunque te duela, y no que elijas la mejor, siendo engañado, y así prosigas presuntuosamente, hasta que el abismo del infierno te despierte de tu propio engaño. ¿Puedes, entonces, con una mano puesta sobre la santa palabra de Dios, y con la otra mano sobre tu propio corazón, alzar tus ojos al cielo, y decir: "Una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo; yo sé que he pasado de muerte a vida; ya no soy lo que antes fui; 'yo soy el primero de los pecadores, pero Jesús murió por mí;' y si no estoy terriblemente engañado, hoy soy, 'un pecador salvado por la sangre, un monumento a la gracia'"?
Hermano mío, que Dios te ayude; la bendición del Altísimo sea contigo. Mi texto no contiene truenos para ti. En lugar de este versículo, busquen el versículo 13, y lean allí su herencia: "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)." Así que Cristo fue hecho maldición en tu lugar, y tú estás seguro, si realmente has sido convertido, y si en verdad eres un regenerado hijo de Dios.
Mi querido amigo, estoy solemnemente convencido de que una gran proporción de esta asamblea no se atrevería a afirmarlo; y tú hoy recuerda (pues estoy hablando personalmente a cada uno de ustedes), que eres uno de esos que no se atreve a afirmarlo, pues eres un extraño para la gracia de Dios. Tú no te atreverías a mentir delante de Dios y de tu propia conciencia, y por tanto dices honestamente: "yo sé que nunca he sido regenerado; soy ahora lo que siempre fui, y eso es lo más que puedo decir." Entonces, contigo tengo que tratar: te exhorto por Él, que juzgará a vivos y muertos, ante Quien tú y yo deberemos presentarnos, que escuches las palabras que predico, pues pudiera ser la última advertencia que oigas jamás, y exhorto también a mi propia alma: sé fiel a estos hombres moribundos, para que no sea hallada al fin en tus faldas, la sangre de las almas, y tú misma seas desechada. Oh Dios, haznos fieles hoy, y danos el oído que oye, y la memoria que retiene, y la conciencia tocada por el Espíritu, en el nombre de Jesús.
En primer lugar, hoy vamos a juzgar al prisionero; en segundo lugar, vamos a decretar su sentencia; y en tercer lugar, si nos enteramos que confiesa sus pecados y se vuelve penitente, vamos a proclamar su liberación; pero no la proclamaremos a menos que comprobemos que lo haga.
I. Entonces, en primer lugar, estamos a punto de JUZGAR AL PRISIONERO.
El texto dice: "Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas." Hombre inconverso, ¿eres culpable o no eres culpable? ¿Has permanecido "en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas"? Me parece que no te atreverías a declararte: "inocente." Pero voy a suponer por un momento que eres lo suficientemente audaz para hacerlo. Así que, entonces, amigo mío, quieres sostener que has permanecido "en todas las cosas escritas en el libro de la ley." De cierto la simple lectura de la ley debería ser suficiente para convencerte que estás en el error. ¿Acaso sabes lo que es la ley? Vamos, te voy a dar lo que podría llamarse una pincelada exterior de la ley, pero recuerda que dentro de ella hay un espíritu más profundo, no expresado por las simples palabras.
Escucha estas palabras de la ley: "No tendrás dioses ajenos delante de mí." ¡Qué! ¿No has amado jamás alguna otra cosa más que a Dios? ¿Nunca has hecho un Dios de tu vientre, o de tu negocio, o de tu familia, o de tu propia persona? ¡Oh!, seguramente no te atreverías a decir que eres inocente en esto. "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. ¡Qué!, ¿nunca en tu vida has puesto algo en el lugar de Dios? Si tú no lo has hecho, yo sí, y muchas veces. Y yo sé que si tu conciencia hablara con sinceridad, te diría: "¡hombre, tú has sido un adorador de las riquezas, has sido un adorador del vientre, te has inclinado delante del oro y la plata; te has postrado delante del honor, te has inclinado ante el placer, has hecho un dios de tu borrachera, un dios de tu concupiscencia, un dios de tu inmundicia, un dios de tus placeres!" ¿Te atreverías a decir que jamás has tomado el nombre de Jehová tu Dios en vano? Si nunca has jurado profanamente, seguramente en la conversación común, has hecho uso algunas veces del nombre de Dios, cuando no debías haberlo hecho. Responde: ¿has santificado siempre ese santísimo nombre? ¿Nunca has nombrado a Dios sin necesidad? ¿Acaso nunca has leído Su libro con un espíritu frívolo? ¿Nunca has oído Su Evangelio sin la debida reverencia? Seguramente eres culpable de esto. Y en cuanto al cuarto mandamiento, relativo a guardar el día de reposo: "Acuérdate del día de reposo para santificarlo." ¿Nunca lo has quebrantado? ¡Oh, calla la boca y confiésate culpable, pues estos cuatro mandamientos serían suficientes para condenarte!
"Honra a tu padre y a tu madre." ¿Me dirás que has guardado ese mandamiento? ¿Acaso nunca fuiste desobediente en tu juventud? ¿Nunca has pisoteado el amor de tu madre, y nunca has pugnado con las llamadas de atención de tu padre? Pasa las páginas de tu historia hasta llegar a tu niñez: ve si no puedes comprobar que ya está escrito allí; ay, y tu madurez podría confesar que no siempre has hablado a tus padres como debías, y no siempre los has tratado con ese honor que merecían, y que Dios te mandó que les dieras. "No matarás;" tal vez no has matado a nadie nunca, pero ¿acaso no te has enojado nunca? Cualquiera que se enoja contra su hermano es un asesino; tú eres culpable en esto. "No cometerás adulterio." Tal vez has realizado actos inmundos y en este preciso día estás manchado de lascivia; pero si has sido muy casto, estoy seguro que no estás exento de culpa, cuando el Señor dice: "Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón." ¿Acaso ningún pensamiento lascivo ha atravesado por tu mente? ¿Acaso ninguna impureza ha sacudido tu imaginación? De seguro que si te atrevieras a afirmarlo, serías un impúdico desvergonzado. Y, ¿acaso nunca has robado? "No hurtarás:" tal vez estás hoy aquí en medio de la multitud con el producto de tu robo; has cometido ese acto; has perpetrado un robo; pero si has sido muy honesto, ha habido momentos en los que has sentido una inclinación a defraudar a tu vecino, hasta podrían haber existido algunos pequeños fraudes, o tal vez algunos más graves que has cometido secreta y silenciosamente, en los que la ley civil no te pudo echar mano, pero que, no obstante, fueron un quebrantamiento de esta ley. Y, ¿quién se atrevería a afirmar que no ha hablado contra su prójimo falso testimonio? ¿Acaso no hemos repetido nunca alguna historia que fuera en detrimento de nuestro vecino y que era falsa? ¿Acaso nunca hemos malinterpretado sus motivos? ¿Acaso nunca hemos entendido siniestramente sus planes? Y, ¿quién de nosotros se atrevería a decir que es inocente del último mandamiento: "No codiciarás"? Pues todos hemos deseado tener más de lo que Dios nos ha dado; y a veces nuestro corazón descarriado ha codiciado cosas que el Señor no nos ha concedido. Vamos, si nos declaramos inocentes, estaríamos anunciando nuestra propia insensatez; pues, en verdad, hermanos míos, la simple lectura de la ley es suficiente, si somos bendecidos por el Espíritu, para conducirnos a declararnos: "culpables, oh Señor, culpables."
Pero alguien exclama: "yo no me declararé culpable, pues aunque estoy muy consciente que no he permanecido 'en todas las cosas escritas en el libro de la ley', he hecho lo mejor que he podido." Esa es una mentira; delante de Dios es una falsedad. ¡No lo has hecho! No has hecho lo mejor que podías. Ha habido muchas ocasiones en las que pudiste haber realizado un mejor esfuerzo. ¿Acaso aquel joven que está allá, se atrevería a decirme que está haciendo lo mejor que puede ahora? ¿Que no puede reprimir su risa en la casa de Dios? Es posible que sea difícil para él que lo haga, pero es posible que pudiera, si quisiera, refrenarse de insultar a su Hacedor en Su cara. De cierto, ninguno de nosotros ha hecho lo mejor que podía. En cada período, en cada momento, ha habido oportunidades de escapar de la tentación. Si no hubiéramos tenido ninguna libertad de escapar del pecado, podría haber alguna excusa por él; pero ha habido puntos decisivos en nuestra historia cuando habríamos podido decidir por lo correcto o lo incorrecto, pero hemos hecho el mal y hemos evitado el bien, y nos hemos dirigido a ese camino que conduce al infierno.
"Ah, pero yo declaro, señor," dice otro, "que aunque es cierto que he quebrantado esa ley, sin duda alguna, no he sido peor que mis semejantes." Y, por cierto, ese es un argumento muy triste, pues ¿de qué te sirve? Ser condenado en grupo no te sirve de más consuelo, que si eres condenado tú solo. Es cierto que no has sido peor que tus semejantes, pero esto no te servirá de nada. Cuando los impíos sean arrojados en el infierno, será de muy poco consuelo para ti que Dios diga: "Apartaos de mí, malditos" a mil personas junto contigo. Recuerda que la maldición de Dios, cuando arrastre a una nación al infierno, será sentida por cada individuo de la muchedumbre de igual manera como si el castigo fuera para un solo individuo. Dios no es como nuestros jueces terrenales. Si sus tribunales estuvieran saturados de prisioneros, podrían sentirse inclinados a tratar superficialmente muchos casos. Pero con Jehová no sucede lo mismo. Él es tan infinito en Su mente, que la abundancia de criminales no será una dificultad para Él. Tratará contigo con la misma severidad y justicia como si no hubiese ningún otro pecador en todo el mundo.
Y yo te pregunto: ¿qué tienes que ver con los pecados de otros hombres? Tú no eres responsable de ellos. Dios determinó que tú te sostengas o caigas por ti mismo. De acuerdo a tus propias acciones serás juzgado. El pecado de la ramera puede ser más grave que el tuyo, pero tú no serás condenado por sus iniquidades. La culpa del asesino puede sobrepasar en mucho tus transgresiones, pero tú no serás condenado por el asesino. Oh, hombre, la religión es algo entre Dios y tu propia alma; y por tanto, te imploro que no mires al corazón de tu vecino, sino a tu propio corazón.
"Ay," exclama alguien, "pero yo me he esforzado muchas veces para guardar la ley, y pienso que lo he logrado por algún tiempo." Escucha otra vez la lectura del versículo: "Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas." ¡Oh, señores!, no es algún rubor febril en las mejillas que brota por una irresolución enfermiza, lo que Dios reconoce como la salud de la obediencia. No se trata de una ligera obediencia durante una hora, lo que Dios aceptará en el día del juicio. Él usa la palabra "permaneciere;" y a menos que desde mi más temprana niñez hasta el día en que mis cabellos grises desciendan a la tumba, haya permanecido en obediencia a Dios, deberé ser condenado. A menos que haya servido obedientemente a Dios, desde el primer despertar de la razón, cuando comencé a ser responsable, hasta que, como una mata de trigo, sea juntado en el granero de mi Señor, la salvación por obras será imposible para mí, y yo seré condenado si estoy apoyado en mi propio fundamento. No es, lo afirmo, alguna fluctuante obediencia lo que salvará al alma. Tú no has permanecido "en todas las cosas escritas en el libro de la ley," y por tanto estás condenado.
"Pero," dirá otro, "hay muchas cosas que no he hecho, pero a pesar de todo he sido muy virtuoso." Esa, también, es una pobre excusa. Supón que has sido virtuoso; supón que has evitado muchos vicios: lee mi texto. No es mi palabra, sino la palabra de Dios, léelo: "todas las cosas." No dice: "algunas cosas." "Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas." Ahora, ¿has puesto en práctica todas las virtudes? ¿Te has apartado de todos los vicios? ¿Te puedes poner de pie y declarar: "nunca fui un borracho"? Sin embargo, serás condenado, si has sido un fornicario. ¿Respondes acaso: "nunca fui inmundo"? Sin embargo, has quebrantado el día de reposo. ¿Te declaras culpable de ese cargo? ¿Acaso declaras que nunca has quebrantado el día de reposo? Tú has tomado el nombre de Dios en vano, ¿no es cierto? En alguna parte u otra, la ley de Dios te puede herir. Es cierto (deja ahora que hable tu conciencia y afirme lo que yo asevero), es cierto que no has permanecido "en todas las cosas escritas en el libro de la ley." Es más, estoy convencido que no has permanecido plenamente en ningún mandamiento de Dios, pues el mandamiento es sumamente amplio. No es el acto patente, simplemente, el que condenará a un hombre; es el pensamiento, la imaginación, la concepción del pecado, los que bastan para arruinar al alma. Recuerden, mis queridos lectores, que estoy predicando ahora la propia palabra de Dios, no una rigurosa doctrina de mi propiedad. Si nunca hubiesen cometido un solo acto de pecado, el puro pensamiento de pecado, la simple imaginación del pecado bastarían para arrastrar al alma al infierno para siempre.
Si hubieses nacido en una celda, y no hubieras podido salir nunca al mundo, ya fuera para cometer actos de lascivia, asesinato o robo, bastaría el pensamiento del mal en esa celda solitaria, para apartar tu alma para siempre del rostro de Dios. ¡Oh!, no hay nadie aquí que pueda tener la esperanza de escapar. Cada uno de nosotros debe inclinar su cabeza delante de Dios, y clamar: "culpable, Señor, culpable, cada uno de nosotros es culpable: 'Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.'" Cuando miro tu rostro, oh Ley, mi espíritu tiembla de horror. Cuando escucho tus truenos, mi corazón se derrite como la cera en medio de mis entrañas. ¿Cómo podría soportarte? Si voy a ser juzgado al fin por mi vida, de seguro no necesitaré un juez, pues yo seré mi propio acusador voluntario, y mi conciencia será un testigo para condenarme.
Pienso que no necesito alargarme más en este punto. Oh, tú, que estás sin Cristo y sin Dios, ¿no permaneces condenado delante de Él? Quítate todas las máscaras, y desecha todas las excusas; que cada uno de nosotros arroje al viento todas sus vanas pretensiones. A menos que contemos con la sangre y la justicia de Cristo para que nos cubran, cada uno de nosotros debe reconocer que esta sentencia cierra las puertas del cielo en nuestra cara, y únicamente nos prepara para las llamas de la perdición.
II. De esta manera he juzgado el carácter, y ha sido encontrado culpable; ahora tengo que DECLARAR LA SENTENCIA.
A los ministros de Dios no les gusta para nada un trabajo como este. Yo preferiría pararme en este púlpito y predicar veinte sermones acerca del amor de Jesús, que predicar uno como este. Muy raramente toco este tema, pues no creo que sea necesario hacerlo a menudo; pero siento que si estas cosas se guardaran completamente en el trasfondo, y la ley no fuera predicada, el Señor no bendeciría ese evangelio; pues Él quiere que ambos temas sean predicados en su medida, y cada uno debe tener su propia prominencia. Ahora, por tanto, óiganme mientras les digo, lleno de tristeza, cuál es la sentencia contra todos ustedes que están sin Cristo, el día de hoy.
Pecador, tú eres maldito en este día. Tú eres maldito, no por algún hechicero cuyo ensalmo imaginario aterra únicamente al ignorante. Has sido maldecido, no por algún monarca terrenal que podría enviar sus tropas contra ti, y apoderarse rápidamente de tu casa y de tu patrimonio. ¡Maldito! ¡Oh, qué terrible cosa es una maldición de cualquier tipo! Qué cosa tan sobrecogedora es la maldición de un padre. Hemos oídos de algunos padres que, conducidos a la locura por la conducta desobediente y ofensiva de sus hijos, han alzado sus manos al cielo, y han implorado una maldición, una maldición fulminante sobre sus hijos. No podemos excusar el acto insensato e irreflexivo de ese padre. No podríamos eximirlo de pecado; pero, oh, la maldición de un padre debe ser horrenda. No puedo imaginar qué sería ser maldecido por la persona que me engendró. Seguramente apagaría la luz del sol de mi historia para siempre, si fuese merecida. Pero ser maldecido por Dios: no tengo palabras para decirles qué debe ser eso. "Oh, no," dirás, "eso pertenece al futuro; no nos importa la maldición de Dios; no está cayendo sobre nosotros ahora." No, alma, sí está cayendo. La ira de Dios está sobre ti, incluso ahora. Todavía no has llegado al punto de conocer la plenitud de esa maldición, pero maldito eres en esta misma hora. Todavía no estás en el infierno; todavía Dios no se ha agradado en cerrar las entrañas de Su compasión, y arrojarte para siempre de Su presencia; pero a pesar de todo ello, eres maldito. Busca el pasaje en el libro de Deuteronomio, y comprueba cómo la maldición es algo que está presente en el pecador. En el capítulo 28 de Deuteronomio, en el versículo 15 y siguientes, leemos todo esto como la sentencia del pecador: "Maldito serás tú en la ciudad," donde realizas tus negocios, Dios te maldecirá. "Y maldito en el campo," donde tomas tu recreo; donde vayas, allí te alcanzará la maldición. "Maldita tu canasta, y tu artesa de amasar. Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas. Maldito serás en tu entrar, y maldito en tu salir." Hay algunos hombres sobre quienes esta maldición es muy visible. Ellos alcanzan riquezas, pero allí está la maldición de Dios en sus riquezas. Yo no querría tener el oro de algunos hombres ni por todas las estrellas, aunque fueran de oro: y si pudiese tener toda la riqueza del mundo, pero tuviera que tener la avaricia del tacaño, preferiría ser pobre que tener esa riqueza. Hay algunos hombres que son visiblemente malditos. ¿No ves al borracho? Él es maldito, no importa dónde vaya. Cuando llega a su casa, sus pequeños hijos suben corriendo a sus camas, pues tienen miedo de ver a su propio padre; y cuando crecen un poco más, comienzan a beber igual que él, y lo seguirán y lo imitarán; y ellos también comenzarán a blasfemar, de tal manera que el borracho es maldito en el fruto de su cuerpo. Él pensó que no era tan malo que fuera un borracho y que blasfemara; oh, pero qué dolor atraviesa la conciencia del padre, si es que tiene conciencia, cuando ve a su hijo siguiendo sus pasos. La borrachera atrae tal maldición sobre un hombre, que no puede disfrutar lo que come. Maldita es su canasta y su artesa de amasar. Y en verdad, aunque un vicio dé la impresión que atrae la maldición más que otros, todo pecado acarrea la maldición, aunque no siempre la veamos.
¡Oh!, tú que estás sin Dios, y sin Cristo, y eres un extraño para Jesús, tú eres maldito donde te sientes, y maldito donde te pares; maldita es la cama sobre la que te acuestas; maldito el pan que comes; maldito el aire que respiras. Todo es maldito para ti. No importa donde vayas, eres un hombre maldito. ¡Ah!, ese es un pensamiento espantoso. ¡Oh!, algunos de ustedes son malditos hoy. ¡Oh, que un hombre tenga que decir eso de sus hermanos! Pero debemos decirlo, o no seríamos fieles a sus pobres almas agonizantes. Oh, Dios quiera que alguna pobre alma dijera en este lugar: "entonces yo soy maldito en este día; maldito por Dios, y maldito por Sus santos ángeles: ¡maldito! ¡Maldito! ¡Maldito! Soy maldito pues estoy bajo la ley." Pienso en verdad que, con la bendición de Dios el Espíritu Santo en ella, sólo se necesita esa única palabra: "¡maldito!" "Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas."
Pero ahora, querido lector, tú que te encuentras en este estado, impenitente e incrédulo, tengo trabajo por delante antes de concluir. Recuerda, la maldición que reciben los hombres en esta vida, no es nada comparada con la maldición que caerá sobre ellos en el más allá. En unos breves años, tú y yo vamos a morir. Vamos, hablaré contigo sobre una base personal otra vez: joven amigo, pronto envejeceremos, o, tal vez, moriremos antes de ese momento, y seremos colocados en nuestras camas (la última cama sobre la que dormiremos jamás), y vamos a despertar de nuestro último sueño para oír las lúgubres nuevas que no tenemos esperanza; ¡el médico tomará nuestro pulso, y asegurará solemnemente a nuestros parientes que todo ha terminado! Y yaceremos inmóviles en ese cuarto, donde todo calla excepto el tictac del reloj, y el llanto de nuestra esposa e hijos; y vamos a morir. ¡Oh, cuán solemne será esa hora cuando tengamos que combatir con ese enemigo, la Muerte! Los estertores de la muerte están en nuestra garganta (a duras penas podemos articular algo), tratamos de hablar, el barniz de la muerte está sobre nuestros ojos: la Muerte ha puesto sus dedos en esas ventanas del cuerpo, y ha apagado la luz para siempre; las manos se niegan a alzarse, y allí estamos, ¡acercándonos a los límites de la tumba! ¡Ah, ese momento, cuando el espíritu ve su destino; ese momento, el más solemne de todos los momentos, cuando el alma mira al mundo venidero a través de los barrotes de su jaula! No, no puedo decirles lo que siente el espíritu, si es un espíritu impío, cuando ve el trono ardiente del juicio, y oye los truenos de la ira de Todopoderoso, cuando no hay sino un instante entre eso y el infierno. ¡No puedo describirles cuál será el terror que sentirán los hombres, cuando experimenten aquello que a menudo escucharon! ¡Ah!, está bien que se rían de mí esta noche. Cuando se vayan, será algo divertido hacer un chiste relativo a lo que dijo el predicador; que comenten entre sí, y se diviertan con todo esto. Pero cuando estén en sus lechos de muerte, no se reirán. Ahora, la cortina está cerrada y no pueden ver las cosas del futuro; está bien que se diviertan. Cuando Dios corra esa cortina y se den cuenta de la solemne realidad, no van a poder encontrar bromas en su corazón. Acab, sentado en su trono, se reía de Micaías. Sin embargo, no leemos que Acab se haya reído de Micaías cuando la flecha se clavó por entre las junturas de su armadura. En los tiempos de Noé, la gente se reía del viejo; le llamaban un necio decrépito, no lo dudo, porque les decía que Dios estaba a punto de destruir la tierra con un diluvio. Pero, ¡ah!, ustedes burladores, ustedes no se reían en aquel día cuando las cataratas estaban desplomándose del cielo, y cuando Dios abrió las puertas del gran abismo, y dio la orden a todas las aguas escondidas que salieran con ímpetu a la superficie; entonces se dieron cuenta que Noé tenía razón. Y cuando se aproxime la hora de su muerte, tal vez ustedes no se reirán de mí. Dirán, cuando estén en ese trance: "puedo recordar que una cierta noche caminé a la calle Park Street; escuché a un hombre que hablaba muy solemnemente; en aquel momento decidí que no me gustaba, pero sabía que era sincero, tenía la certeza que quería mi bien; ¡oh, que hubiera escuchado con atención su consejo; oh, que hubiera considerado sus palabras!
¡Ah!, no hace mucho, un hombre que se había reído y se había burlado de mí muchas veces, fue un domingo a Brighton, para pasar ese día en una excursión. ¡Regresó esa misma noche para morir! El lunes por la mañana, cuando se estaba muriendo, ¿a quién creen que buscó? ¡Necesitaba que viniera el señor Spurgeon! Necesitaba al hombre del que siempre se había reído; necesitaba que viniera y le enseñara el camino al cielo, y le señalara al Salvador. Y aunque me alegré de ir, fue una tarea triste tener que hablarle a un hombre que acababa de quebrantar el día de reposo, y que había gastado su tiempo al servicio de Satanás, y había regresado a casa a morir. Y efectivamente se murió, sin una Biblia en su hogar, sin que se ofrecieran oraciones por él, excepto la oración que yo ofrecí junto a su lecho.
¡Ah!, es extraño cómo la visión del lecho de un moribundo puede ser bendecida para estimular nuestro celo. Hace un año, más o menos, estuve junto al lecho de un pobre muchacho, de aproximadamente dieciséis años de edad, que había estado bebiendo hasta provocar su muerte, en un episodio alcohólico que tuvo lugar como una semana antes. Cuando le hablé acerca del pecado y de la justicia, y del juicio venidero, sé que tembló, y pensé que se había aferrado a Jesús. Cuando bajé las escaleras, después de orar por él muchas veces, y de tratar de que mirara a Jesús, y no teniendo sino una débil esperanza de su salvación final, pensé dentro de mí: ¡Oh Dios!, quisiera poder predicar cada hora, y cada momento del día, las inescrutables riquezas de Cristo; pues qué cosa tan terrible es morir sin un Salvador. Y luego recordé cuántas veces había estado en el púlpito, y no había predicado con el denuedo con que debí haber predicado; cómo he narrado con frialdad la historia del Salvador, cuando debí haber llorado torrentes de lágrimas, con emoción abrumadora. En muchas ocasiones he ido a mi cama, y he llorado hasta quedarme dormido, porque no he predicado como he deseado, y sucederá lo mismo esta noche. Pero, ¡oh, la ira venidera! ¡La ira venidera! ¡La ira venidera!
Mis queridos lectores, los temas de los que ahora hablo no son sueños, ni fraudes, ni chifladuras, ni viejas historias de comadres. Son realidades y pronto las verificarán. Oh pecador, tú que no has permanecido en todas las cosas escritas en el libro de la ley; tú que no tienes a Cristo; se aproxima el día cuando estas cosas estarán frente a ti, como cosas reales, solemnes y terribles. Y entonces; ¡ah!, entonces; ¡ah!, entonces, ¿qué harás? "Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio." Oh, imagínense:
"La pompa de ese tremendo día,
Cuando Cristo venga con las nubes."
Creo que veo ese terrible día. La campana del tiempo ha tañido el último día. Ahora viene el funeral de las almas condenadas. Tu cuerpo se acaba de levantar de la tumba, y te desatas la mortaja encerada, y miras hacia arriba. ¿Qué es lo que veo? ¡Oh!, ¿qué es lo que oigo? Oigo una explosión tremenda y terrible, que sacude los pilares del cielo, y hace que el firmamento se tambalee de espanto; la trompeta, la trompeta, la trompeta del arcángel sacude los últimos límites de la creación. Miras y quedas pasmado. Súbitamente se escucha una voz, y unos dan alaridos, y otros cantan himnos, Él viene, Él viene, Él viene; todo ojo le verá. Allí está; el trono descansa sobre una nube, blanca como el alabastro. Allí está sentado. "Es Él, el Hombre que murió en el Calvario (veo Sus manos traspasadas), pero, ¡ah, cuán cambiado está! No tiene una corona de espinas. Estuvo ante el tribunal de Pilato, pero ahora la tierra entera debe estar ante Su tribunal. Pero ¡escuchen! La trompeta suena otra vez: el Juez abre el libro, hay un silencio en el cielo, un solemne silencio: el universo está quieto. "Junta a mis escogidos y a mis redimidos de los cuatro vientos del cielo." Rápidamente son juntados. Y como el brillo de un relámpago, el ala de ángel divide a la multitud. Aquí están los justos todos congregados; y, pecador, allá estás tú, a la izquierda, dejado fuera, entregado a soportar la sentencia ardiente de la ira eterna. ¡Escucha! Las arpas del cielo tocan dulces melodías; pero a ti no te traen ningún gozo, mientras los ángeles están repitiendo la bienvenida del Salvador a Sus santos. "Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo." Ustedes han tenido ese momento de respiro, y ahora Su rostro está acumulando nubes de ira, y el trueno está en Su frente; te mira a ti que le has despreciado, a ti que te burlaste de Su gracia, que despreciaste Su misericordia, a ti que quebrantaste Su día de descanso, a ti que te mofaste de Su cruz, a ti que no aceptaste que reinara sobre ti; y con una voz más fuerte que diez mil truenos, Él clama: "Apartaos de mí, malditos." Y luego: . . . no, no continuaré. No hablaré de las llamas inextinguibles. No voy a hablar de los padecimientos del cuerpo, ni de las torturas del espíritu. Pero el infierno es terrible; la condenación es aflictiva. ¡Oh, escapa! ¡Escapa! ¡Escapa, para que, allí donde estás, no tengas que aprender tal vez qué significan los horrores de la eternidad, en el golfo de la eterna perdición! "Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas."
III. LIBERACIÓN PROCLAMADA.
"Nos has condenado a todos," exclama uno. Sí, pero no he sido yo: Dios lo ha hecho. ¿Estás condenado? ¿Sientes esta noche que estás condenado? Ven, otra vez, déjame tomar tu mano, hermano mío: sí, puedo mirar alrededor de toda esta asamblea, y puedo decir que no hay nadie en este lugar a quien no ame como a un hermano. Si le hablo con severidad a cualquiera de ustedes, es para que sepa la verdad. Mi corazón y mi espíritu entero están conmovidos por ustedes. Mis palabras más duras están mucho más llenas de amor que las suaves palabras de los ministros que hablan con tranquilidad, y que dicen: "paz, paz;" y no hay paz. ¿Ustedes piensan que me causa placer predicar de esta manera? ¡Oh!, preferiría mucho más estar predicando acerca de Jesús; de Su dulce y gloriosa persona, y de Su justicia que es completamente suficiente.
Ahora ven aquí, y platiquemos con dulces palabras antes de terminar. ¿Sientes que estás condenado? ¿Dices: "Oh, Dios, yo confieso que serías justo, si hicieras todo esto conmigo"? ¿Sientes que no puedes ser salvado jamás por tus propias obras, sino que estás totalmente condenado por tu pecado? ¿Odias al pecado? ¿Te arrepientes sinceramente? Entonces, déjame decirte cómo puedes escapar.
Hombres y hermanos, Jesucristo, de la simiente de David, fue crucificado, muerto y sepultado; ahora ha resucitado, y está sentado a la diestra de Dios, donde también intercede por nosotros. Él vino a este mundo para salvar a los pecadores, por Su muerte. Él vio que los pobres pecadores eran malditos: Él tomó la maldición sobre Sus propios hombros, y nos salvó de ella. Ahora, si Dios ha hecho maldición a Cristo por algún hombre, no maldecirá a ese hombre de nuevo. Tú me preguntas, entonces: "¿fue Cristo hecho maldición por mí?" Respóndeme esta pregunta, y yo te lo diré: ¿te ha enseñado el Espíritu que eres maldito? ¿Te ha hecho sentir la amargura del pecado? ¿Te ha conducido a clamar: "Dios, sé propicio a mí, pecador"? Entonces, mi querido amigo, Cristo fue hecho maldición por ti; y tú no eres maldito. Tú no eres maldito ahora. Cristo fue hecho maldición por ti. Ten ánimo; si Cristo fue hecho maldición por ti, tú no puedes ser maldito de nuevo. "¡Oh!" dirá alguno, "si pudiera estar convencido que fue hecho maldición por mí." ¿Le ves sangrando en el madero? ¿Ves Sus manos y Sus pies goteando sangre? Míralo, pobre pecador. Ya no te mires más a ti mismo, ni a tu pecado; mírale a Él y sé salvo. Todo lo que te pide que hagas es que mires, y Él te ayudará a hacer incluso eso. Ven a Él, confía en Él, cree en Él. Dios el Espíritu Santo te ha enseñado que tú eres un pecador condenado.
Ahora, te suplico, oye esta palabra y créela: "Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores." Oh, puedes decir: "yo creo en esta Palabra (es verdadera), bendito sea Su amado nombre; es verdad para mí, pues independientemente de lo que no soy, yo sé que soy un pecador; el sermón de hoy me ha convencido de ello, aunque no me hubiera convencido de otra cosa; y, buen Señor, tú sabes que cuando digo que soy un pecador, no quiero decir lo que antes solía decir mediante esa palabra. Quiero decir que soy un pecador real. Quiero decir que si Tú me condenaras, lo merezco; si Tú me echaras de Tu presencia para siempre, sería únicamente lo que he ameritado en abundancia. Oh, mi Señor, yo soy un pecador; soy un pecador desahuciado, a menos que Tú me salves; soy un pecador sin esperanza, a menos que tú me sanes. No tengo ninguna esperanza en mi justicia propia; y, Señor, bendigo Tu nombre, y digo algo más: yo soy un pecador doliente, pues el pecado me aflige; no puedo descansar, estoy atribulado. Oh, si pudiera deshacerme del pecado, sería santo como Dios es santo. Señor, yo creo."
"¡Cómo, señor, creer que Cristo murió por mí simplemente porque soy un pecador!" Sí, así es. "No, señor, pero si yo tuviera un poquito de justicia, si pudiera orar bien, entonces podría pensar que Cristo murió por mí." No, eso no sería fe del todo, eso sería confianza en el yo. La fe cree en Cristo cuando ve que el pecado es negro, y confía en Él para quitarlo por completo. Ahora, pobre pecador, con todo el pecado que tienes, toma esta promesa en tus manos, y vete a casa el día de hoy, o si pudieras, hazlo antes de llegar a casa: vete a casa, digo, sube a tu aposento, solo, de rodillas junto a tu cama, y derrama tu corazón: "oh, Señor, todo lo que ese hombre dijo es verdad; estoy condenado, y, Señor, yo lo merezco. Oh, Señor, he tratado de ser mejor, y no he logrado nada, sino todo lo contrario, me he vuelto peor. Oh, Señor, he restado importancia a Tu gracia, y he despreciado Tu Evangelio: me sorprende que no me hayas condenado hace años; Señor, me maravilla que hayas permitido vivir a un miserable tan ruin, como soy yo. He despreciado la enseñanza de una madre, y he olvidado las oraciones de un padre. Señor, yo te he olvidado; he quebrantado el día de reposo, he tomado Tu nombre en vano. He hecho todo lo que es malo; y si Tú me condenas, ¿qué puedo decir? Señor, me quedo mudo ante Tu presencia. No tengo nada que argumentar. Pero Señor, vengo a decirte el día de hoy que Tú has dicho en la Palabra de Dios: "Al que a mí viene, no le echo fuera." Señor, yo vengo: mi único argumento es que Tú has dicho: "Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores." Señor, yo soy un pecador; Él vino para salvarme a mí; confío en ello (ya sea que me hunda o nade), Señor, esta es mi única esperanza: desecho cualquier otra, y me odio al pensar que jamás haya tenido otra esperanza. Dios, yo descanso únicamente en Jesús. Sálvame, te lo pido, y aunque no espero borrar mi pecado pasado con mi vida futura, oh Señor, te pido que me des un nuevo corazón y un espíritu recto, para que a partir de este momento y por siempre, camine en la senda de Tus mandamientos: pues, Señor, no deseo nada sino sólo ser Tu hijo. Oh, Señor, renunciaría a todo porque Tú me amaras; y estoy motivado a pensar que Tú me amas; pues así lo siente mi corazón. Soy culpable, pero nunca habría sabido que soy culpable, si Tú no me lo hubieras enseñado. Soy vil, pero nunca habría conocido mi vileza, si Tú no me la hubieras revelado. Ciertamente, Tú no me destruirás, oh Dios, después de haberme enseñado esto. Si lo hicieras, serías justo, pero:
'Salva a un pecador tembloroso, Señor,
Cuyas esperanzas revolotean alrededor de Tu Palabra,
Quisiera descansar sobre alguna dulce promesa allí;
Algún apoyo seguro contra la desesperación.'"
Si no pudieras orar con una oración tan larga como esa, te digo que vayas a casa y digas esto: "Señor Jesús, yo sé que no soy absolutamente nada; sé Tú mi precioso todo en todo."
Oh, yo confío en Dios, que habrá algunas personas hoy que serán capaces de orar de esa manera, y si es así, que toquen las campanas del cielo; canten ustedes serafines; griten, ustedes los redimidos; pues el Señor lo ha hecho, y gloria sea dada a Su nombre, por toda la eternidad.
Publicado por
Caminante
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domingo, julio 31, 2011
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Etiquetas:
salvacion
viernes, 29 de julio de 2011
El Psicoanálisis parte de una imagen equivocada del ser humano
El Psicoanálisis parte de una imagen equivocada del ser humano
Dice del Dr. Werner Traub, especialista en psiquiatría, psicoterapia, psiquiatría forense, medicina del medio ambiente y docente en el instituto para terapia del comportamiento en el norte de Alemania. Él es un cristiano que cree en Jesucristo. Mientras nuestro colaborador Norbert Lieth servía en la iglesia local donde se congregaba dicho médico, disfrutó de la hospitalidad del mismo, presentándose así la oportunidad para la siguiente entrevista:
- ¿Cómo ve Usted como cristiano convertido la sicología moderna por un lado (el estudio de la sicología) y la psicoterapia por el otro lado?
- El estudio de la sicología es casi exclusivamente de orden teórico. Los estudiantes acumulan para sí un gran conocimiento sobre lo que seres humanos han dicho, y qué esfuerzos han realizado para investigar sobre como son los seres humanos y como se los podría hacer cambiar. Sobre eso los estudiantes tienen que leer innumerables libros. Si bien ellos aprueban las prácticas determinadas por el plan de estudios, en definitiva es un estudio totalmente teórico. Todos aquellos que logran salvar los exámenes finales llegan a ser sicólogos diplomados. En la sicología existen muchas ramas diferentes a las que uno se puede dedicar. Cada una de ellas exige un estudio adicional. Una rama es la sicología clínica, en la cual uno puede hacerse educar como psicoterapeuta, lo que ocurre especialmente en nuestro instituto. La formación como psicoterapeuta incluye, además de la adquisición de conocimientos, la puesta en práctica , para lo cual los estudiantes en nuestro instituto - al cual recurren muchos pacientes -, tienen amplias oportunidades.
- Desde su punto de vista actual, ¿qué piensa Usted de las enseñanzas y los sistemas que desarrollaron Freud y Jung?
- Las enseñanzas de Freud o de Jung van en la dirección de la sicología profunda o analítica de la psicoterapia. Ellos parten de que el ser humano en el fondo es bueno, y que solamente a través de malas experiencias infantiles de vez en cuando pueda ser llevado en la dirección equivocada. A través de una estructuración determinada de la relación con el especialista analítico o el psicólogo se trata de remediar tales deficiencias que se habrían formado en la niñez. Eso, sin embargo, es una mera teoría de la imagen del ser humano y de las cosas que han salido mal y que ahora se quiere arreglar, lo cual, sin embargo, no funciona.
En comparación con la imagen cristiana del ser humano, de todos modos, la suposición de Freud o de Jung que el ser humano sería esencialmente bueno, está totalmente desviada. Después de todo, nos conocemos a nosotros mismos y sabemos que el ser humano es pecador, lo que el Apóstol Pablo expresa con las siguientes palabras: "Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien" (Ro 7:18).
Cuando una persona síquicamente enferma consulta con un psicoanalítico, por regla generalmente se acuesta una a tres veces por semana durante años, por una hora cada vez, en la cómoda reposera que allí espera a todos los pacientes. Luego allí, a través de las preguntas del psicoanalítico y las respuestas de la persona en cuestión llega a haber un intenso "intercambio de ideas". Pero de verdadera sanidad no se puede hablar. De todos modos, con los métodos científicos acostumbrados nunca se ha demostrado que esas "sesiones" hubieran tenido un éxito rotundo, aun cuando los analíticos realmente se esfuercen para hacer olvidar los malos recuerdos de la niñez y para crear cambios buenos. ¿Por qué es eso? Porque esa "ayuda" psicoanalítica parte de una imagen equivocada del ser humano: "El ser humano es bueno." Dios, sin embargo, dice: "El ser humano es pecador. En el mundo entero no existe uno solo que fuera justo." Pablo reconocía su total corrupción y notó verazmente: "…porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo" (Ro 7:18).
- Si no es en la sicología profunda de Freud y otros, ¿dónde se puede encontrar verdadera ayuda? ¿Qué es lo que lleva a una sanidad integral, después de todo?
- La mayoría de las personas que hacen uso de ayuda sicoanalítica, sufren de descontento y desamparo interiores y de temor del futuro, etc. Solamente una pequeña parte de ellos está realmente enfermo síquicamente. Más allá de los 40 años de edad muchos se dicen a sí mismos: "Hasta ahora solamente he trabajado toda la vida, he ganado dinero y en parte lo he ahorrado. He adquirido esto y aquello, pude salir de vacaciones cada año - ¿pero a qué me enfrento ahora?" A eso no encuentran respuesta. Ellos leen algunas cosas en revistas, miran experiencias de vida en la televisión, pero aun así no encuentran respuestas con respecto a su futuro personal. Y así comienzan a cavilar.
Cuando los hombres casados llegan a la "midlife-crisis" (crisis de la mitad de la vida), unos cuantos de ellos llegan a pensar: "Mi vida con mi esposa al principio fue variada y linda. Ahora es todos los días lo mismo; cada vez más monótona. Si no tuviera que cargar con esta mujer… ¿No debería mejor buscarme otra? Quizás así todavía habría una "primavera" para mí." Si ese deseo es puesto en práctica, se producen dificultades y problemas inesperados, de los que no solamente sufren los matrimonios separados o divorciados, sino más que nada los hijos. Pero por supuesto que el sentir aburrimiento y monotonía no solamente existe en los esposos, sino también en muchas esposas. Algunas de ellas piensan en una nueva relación, ¿cómo sería si...? Si luego salen de su entorno acostumbrado y ponen punto final a su vida acostumbrada, también ahí comienzan a haber las más diferentes crisis. Ya sea los esposos o las esposas quienes prueban con las así llamadas escapadas matrimoniales, dejando sus ocupaciones, y tratando de levantar su propio negocio, de ser sus propios jefes, o si incluso prueban su suerte en otro país, cercano o lejano - ya no pueden salir del circuito de la cavilación y de la preocupación por el futuro. Así su estado de ánimo decae grandemente. Levantarse en la mañana les aterroriza, e igualmente irse a la cama en la noche, y todo lo que está entremedio ya tampoco sirve para mucho. Esas personas que mayormente están irritados, malhumorados y descontentos propagan una atmósfera desagradable. De ese modo ellos pierden aun los últimos contactos sociales, se preguntan por qué todo ha salido así, y se deprimen cada vez más.
Con esa mochila llena de preocupaciones y de sentirse no-comprendidos, ellos entonces consultan a un psicoterapeuta y esperan de él que los vuelva a recomponer. Como algunos de los psicoterapeutas también se encuentran en una situación igual o parecida, en el mejor de los casos les pueden decir a sus pacientes que les pasa lo mismo, pero no son capaces de darles una verdadera ayuda.
Muchos de los psicoterapeutas, si tienen su propio consultorio, trabajan doce a catorce horas diarias. Después de eso están rendidos de cansancio y generalmente insatisfechos. Como siempre tratan con personas que ya no saben qué hacer, y ellos mismos luchan con sus propios problemas, es fácil darse cuenta que quien no tiene esperanza no puede ofrecerle una renovada y prometedora perspectiva al otro que también está sin esperanza alguna.
Muchos, después de no ver éxito con la investigación de la niñez, prueban con la "terapia cognitiva de la conducta", en la cual el psicoterapeuta invita al paciente a cambiar su manera de pensar. Eso puede ser algo así: "Si a Usted, para sentirse satisfecho, no le alcanza irse dos veces al año de vacaciones, tener una abultada cuenta bancaria y un BMW, entonces comience a pensar así: ‘Es fantástico que yo pueda darme ese lujo.’ Seguramente se sentirá mejor después de eso." El paciente, entonces, prueba cambiar su valoración de ciertas situaciones por medio de algunas técnicas ("pensamientos positivos"), pero el éxito de ese método generalmente no es de mucha duración. La realidad del envejecimiento en combinación con desesperanza y descontento, independientes de la situación material del afectado, siempre gana no importando los lindos pensamientos a los cuales se dedique el paciente. Aun cuando esa manera de cambiar la forma de pensar, en definitiva, muestre poco éxito, y una y otra vez se vuelva a necesitar terapia, en cuanto el primer "comunicado de éxito" suene algo así como: "¡Qué bueno que hayamos hablado sobre eso!", el boom de ese preciso método de psicoterapia quedará establecido. ¿De dónde procede eso? En el tiempo actual de falta de relacionamiento para la mayoría de las personas solitarias, es como bálsamo, si alguna vez logran que alguien los escuche pacientemente y se ocupe de sus sufrimientos, pensando por ellos. Lo importante es, que el paciente por el momento haya recibido ayuda.
Si no se trata de asuntos fundamentales de sentido de vida y de esperanza, sino de una dolencia siquiátrica concreta y grave, sin embargo, la terapia de conducta juntamente con la administración de los medicamentos correspondientes es de gran ayuda. Recordemos tan solamente la terapia de perturbaciones alimenticias, las cuales sin tratamiento llevan a la muerte, o el tratamiento de enfermedades crónicas de temor y obsesión, que entorpecen las vidas de los afectados en forma catastrófica. Aquí es válido, al igual que en el caso del cirujano, que Dios también puede actuar a través del terapeuta conductual, especialmente cuando ambos, paciente y terapeuta, son cristianos nacidos de nuevo que buscan la ayuda de Dios para el tratamiento.
No obstante, si se trata en primer lugar del sentido de la vida, de la búsqueda de esperanza, del temor del envejecimiento y de la muerte, del descontento con la situación financiera, en ese caso la psicoterapia de cualquier índole no puede ser sino una seudo-ayuda.
Ahora vayamos a la verdadera ayuda: Cuando un ser humano tiene todo, pero nota con sentimientos deprimidos que en realidad no tiene nada; o cuando alguien pierde su lugar de trabajo "seguro"; cuando muere el cónyuge amado o se separa de él; cuando él /ella queda en bancarrota, casa y terreno son inundados por el agua o quedan enterrados bajo masas de tierra, y el afectado piensa que ahora todo ha terminado, ¡entonces todavía queda una salida! Verdadera ayuda la encontramos en Aquel para quien - aun en las situaciones más adversas - todo es posible: Jesucristo, el Hijo del Dios viviente. A Él podemos entregarle todo, todas nuestras fallas, todos nuestros problemas, sí, y también todo en lo que hemos hecho mal por decisiones erradas y por culpa propia; al igual que todos nuestros pecados, es decir, todo, lo que ha pasado de largo de la voluntad de Dios. Quien se apresura a ir a Jesucristo, quien por nosotros fue crucificado y resucitado; invoca Su nombre, derrama su corazón y sus pecados delante de Él y no trata de esconderle nada, tal persona experimenta que Él puede hacer algo nuevo de la nada. Él es el único que realmente nos comprende, es más, Él sabe como estamos, aun antes que siquiera abramos la boca. Perdón de todos nuestros pecados hay solamente en Él, el Hijo de Dios, quien con Su vida sin pecado pagó por nosotros en forma vicaria. No tiene valor alguno querer alcanzar todo en esta tierra, si al hacerlo uno tiene que enfrentarse a una eternidad sin Dios: "…¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?" (Mt 16:26-27). Jesucristo, Quien es el Único que a través del derramamiento de Su sangre en la cruz pagó el rescate por nuestras almas, a Él debemos y podemos decirle todo. A Él le gusta concedernos el perdón de todos los pecados que le hemos confesado y obsequiarnos la vida eterna. Porque Él no se quedó en la cruz o en la tumba, sino que resucitó de la muerte y vive de eternidad en eternidad. Quien le ha entregado a Él su vida por la fe, un día vivirá eternamente en Su gloria. Una canción de fe dice: "¡Eso será gloria, cuando libre de sufrimiento, vea Su rostro!".
- Sí, ¡eso lo puedo afirmar! Pero ahora tengo otra pregunta: El así llamado síndrome de burnout del cual se escucha tanto hoy en día, ¿irá también en la dirección de la insatisfacción, o se trata en ese caso de una enfermedad a ser tomada en serio?
- El síndrome del burnout no es una enfermedad, sino que resulta de un esfuerzo excesivo de parte de la persona afectada por el mismo. Paralelamente a eso muchas veces también es expresión de descontento. Uno ha hecho todo y muchas veces no ha cosechado ni siquiera el agradecimiento de las personas, y ahora uno se siente liquidado y vacío.
- ¿Cuáles son las dolencias síquicas que han aumentado en nuestro tiempo?
- Primeramente todas aquellas dolencias que tienen que ver con el temor. Especialmente la perturbación generalizada de angustia ha aumentado drásticamente. Quien sufre de esa dolencia, se levanta en la mañana y se preocupa de cómo transcurrirá el día, de cómo pasará las horas y los minutos del día. O la persona se pone a pensar en lo que sucedería, si ni siquiera se levantara, sino que simplemente se quedaría acostada. Para decirlo con brevedad: Uno se preocupa y se angustia por todo. Esa perturbación generalizada de angustia a menudo se desarrolla desde otras dolencias previas.
Lo segundo que registra una tendencia alcista impetuosa es la distimia, es decir la insatisfacción de las personas. En los años del 1950 al 1960 ese diagnóstico ni siquiera existía todavía, o no era conocido como tal. Quizás en aquel tiempo se hablaría de depresión neurótica, refiriéndose con eso, sin embargo, a un estado diferente al de la distimia, aun cuando la misma en los sistemas internacionales de clasificación de diagnósticos haya surgido de allí. La insatisfacción de las personas ha aumentado con el aumento del bienestar material, especialmente en el hemisferio occidental. El bienestar no hace más feliz, sino mayormente más insatisfechos y en consecuencia más infelices.
Dice del Dr. Werner Traub, especialista en psiquiatría, psicoterapia, psiquiatría forense, medicina del medio ambiente y docente en el instituto para terapia del comportamiento en el norte de Alemania. Él es un cristiano que cree en Jesucristo. Mientras nuestro colaborador Norbert Lieth servía en la iglesia local donde se congregaba dicho médico, disfrutó de la hospitalidad del mismo, presentándose así la oportunidad para la siguiente entrevista:
- ¿Cómo ve Usted como cristiano convertido la sicología moderna por un lado (el estudio de la sicología) y la psicoterapia por el otro lado?
- El estudio de la sicología es casi exclusivamente de orden teórico. Los estudiantes acumulan para sí un gran conocimiento sobre lo que seres humanos han dicho, y qué esfuerzos han realizado para investigar sobre como son los seres humanos y como se los podría hacer cambiar. Sobre eso los estudiantes tienen que leer innumerables libros. Si bien ellos aprueban las prácticas determinadas por el plan de estudios, en definitiva es un estudio totalmente teórico. Todos aquellos que logran salvar los exámenes finales llegan a ser sicólogos diplomados. En la sicología existen muchas ramas diferentes a las que uno se puede dedicar. Cada una de ellas exige un estudio adicional. Una rama es la sicología clínica, en la cual uno puede hacerse educar como psicoterapeuta, lo que ocurre especialmente en nuestro instituto. La formación como psicoterapeuta incluye, además de la adquisición de conocimientos, la puesta en práctica , para lo cual los estudiantes en nuestro instituto - al cual recurren muchos pacientes -, tienen amplias oportunidades.
- Desde su punto de vista actual, ¿qué piensa Usted de las enseñanzas y los sistemas que desarrollaron Freud y Jung?
- Las enseñanzas de Freud o de Jung van en la dirección de la sicología profunda o analítica de la psicoterapia. Ellos parten de que el ser humano en el fondo es bueno, y que solamente a través de malas experiencias infantiles de vez en cuando pueda ser llevado en la dirección equivocada. A través de una estructuración determinada de la relación con el especialista analítico o el psicólogo se trata de remediar tales deficiencias que se habrían formado en la niñez. Eso, sin embargo, es una mera teoría de la imagen del ser humano y de las cosas que han salido mal y que ahora se quiere arreglar, lo cual, sin embargo, no funciona.
En comparación con la imagen cristiana del ser humano, de todos modos, la suposición de Freud o de Jung que el ser humano sería esencialmente bueno, está totalmente desviada. Después de todo, nos conocemos a nosotros mismos y sabemos que el ser humano es pecador, lo que el Apóstol Pablo expresa con las siguientes palabras: "Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien" (Ro 7:18).
Cuando una persona síquicamente enferma consulta con un psicoanalítico, por regla generalmente se acuesta una a tres veces por semana durante años, por una hora cada vez, en la cómoda reposera que allí espera a todos los pacientes. Luego allí, a través de las preguntas del psicoanalítico y las respuestas de la persona en cuestión llega a haber un intenso "intercambio de ideas". Pero de verdadera sanidad no se puede hablar. De todos modos, con los métodos científicos acostumbrados nunca se ha demostrado que esas "sesiones" hubieran tenido un éxito rotundo, aun cuando los analíticos realmente se esfuercen para hacer olvidar los malos recuerdos de la niñez y para crear cambios buenos. ¿Por qué es eso? Porque esa "ayuda" psicoanalítica parte de una imagen equivocada del ser humano: "El ser humano es bueno." Dios, sin embargo, dice: "El ser humano es pecador. En el mundo entero no existe uno solo que fuera justo." Pablo reconocía su total corrupción y notó verazmente: "…porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo" (Ro 7:18).
- Si no es en la sicología profunda de Freud y otros, ¿dónde se puede encontrar verdadera ayuda? ¿Qué es lo que lleva a una sanidad integral, después de todo?
- La mayoría de las personas que hacen uso de ayuda sicoanalítica, sufren de descontento y desamparo interiores y de temor del futuro, etc. Solamente una pequeña parte de ellos está realmente enfermo síquicamente. Más allá de los 40 años de edad muchos se dicen a sí mismos: "Hasta ahora solamente he trabajado toda la vida, he ganado dinero y en parte lo he ahorrado. He adquirido esto y aquello, pude salir de vacaciones cada año - ¿pero a qué me enfrento ahora?" A eso no encuentran respuesta. Ellos leen algunas cosas en revistas, miran experiencias de vida en la televisión, pero aun así no encuentran respuestas con respecto a su futuro personal. Y así comienzan a cavilar.
Cuando los hombres casados llegan a la "midlife-crisis" (crisis de la mitad de la vida), unos cuantos de ellos llegan a pensar: "Mi vida con mi esposa al principio fue variada y linda. Ahora es todos los días lo mismo; cada vez más monótona. Si no tuviera que cargar con esta mujer… ¿No debería mejor buscarme otra? Quizás así todavía habría una "primavera" para mí." Si ese deseo es puesto en práctica, se producen dificultades y problemas inesperados, de los que no solamente sufren los matrimonios separados o divorciados, sino más que nada los hijos. Pero por supuesto que el sentir aburrimiento y monotonía no solamente existe en los esposos, sino también en muchas esposas. Algunas de ellas piensan en una nueva relación, ¿cómo sería si...? Si luego salen de su entorno acostumbrado y ponen punto final a su vida acostumbrada, también ahí comienzan a haber las más diferentes crisis. Ya sea los esposos o las esposas quienes prueban con las así llamadas escapadas matrimoniales, dejando sus ocupaciones, y tratando de levantar su propio negocio, de ser sus propios jefes, o si incluso prueban su suerte en otro país, cercano o lejano - ya no pueden salir del circuito de la cavilación y de la preocupación por el futuro. Así su estado de ánimo decae grandemente. Levantarse en la mañana les aterroriza, e igualmente irse a la cama en la noche, y todo lo que está entremedio ya tampoco sirve para mucho. Esas personas que mayormente están irritados, malhumorados y descontentos propagan una atmósfera desagradable. De ese modo ellos pierden aun los últimos contactos sociales, se preguntan por qué todo ha salido así, y se deprimen cada vez más.
Con esa mochila llena de preocupaciones y de sentirse no-comprendidos, ellos entonces consultan a un psicoterapeuta y esperan de él que los vuelva a recomponer. Como algunos de los psicoterapeutas también se encuentran en una situación igual o parecida, en el mejor de los casos les pueden decir a sus pacientes que les pasa lo mismo, pero no son capaces de darles una verdadera ayuda.
Muchos de los psicoterapeutas, si tienen su propio consultorio, trabajan doce a catorce horas diarias. Después de eso están rendidos de cansancio y generalmente insatisfechos. Como siempre tratan con personas que ya no saben qué hacer, y ellos mismos luchan con sus propios problemas, es fácil darse cuenta que quien no tiene esperanza no puede ofrecerle una renovada y prometedora perspectiva al otro que también está sin esperanza alguna.
Muchos, después de no ver éxito con la investigación de la niñez, prueban con la "terapia cognitiva de la conducta", en la cual el psicoterapeuta invita al paciente a cambiar su manera de pensar. Eso puede ser algo así: "Si a Usted, para sentirse satisfecho, no le alcanza irse dos veces al año de vacaciones, tener una abultada cuenta bancaria y un BMW, entonces comience a pensar así: ‘Es fantástico que yo pueda darme ese lujo.’ Seguramente se sentirá mejor después de eso." El paciente, entonces, prueba cambiar su valoración de ciertas situaciones por medio de algunas técnicas ("pensamientos positivos"), pero el éxito de ese método generalmente no es de mucha duración. La realidad del envejecimiento en combinación con desesperanza y descontento, independientes de la situación material del afectado, siempre gana no importando los lindos pensamientos a los cuales se dedique el paciente. Aun cuando esa manera de cambiar la forma de pensar, en definitiva, muestre poco éxito, y una y otra vez se vuelva a necesitar terapia, en cuanto el primer "comunicado de éxito" suene algo así como: "¡Qué bueno que hayamos hablado sobre eso!", el boom de ese preciso método de psicoterapia quedará establecido. ¿De dónde procede eso? En el tiempo actual de falta de relacionamiento para la mayoría de las personas solitarias, es como bálsamo, si alguna vez logran que alguien los escuche pacientemente y se ocupe de sus sufrimientos, pensando por ellos. Lo importante es, que el paciente por el momento haya recibido ayuda.
Si no se trata de asuntos fundamentales de sentido de vida y de esperanza, sino de una dolencia siquiátrica concreta y grave, sin embargo, la terapia de conducta juntamente con la administración de los medicamentos correspondientes es de gran ayuda. Recordemos tan solamente la terapia de perturbaciones alimenticias, las cuales sin tratamiento llevan a la muerte, o el tratamiento de enfermedades crónicas de temor y obsesión, que entorpecen las vidas de los afectados en forma catastrófica. Aquí es válido, al igual que en el caso del cirujano, que Dios también puede actuar a través del terapeuta conductual, especialmente cuando ambos, paciente y terapeuta, son cristianos nacidos de nuevo que buscan la ayuda de Dios para el tratamiento.
No obstante, si se trata en primer lugar del sentido de la vida, de la búsqueda de esperanza, del temor del envejecimiento y de la muerte, del descontento con la situación financiera, en ese caso la psicoterapia de cualquier índole no puede ser sino una seudo-ayuda.
Ahora vayamos a la verdadera ayuda: Cuando un ser humano tiene todo, pero nota con sentimientos deprimidos que en realidad no tiene nada; o cuando alguien pierde su lugar de trabajo "seguro"; cuando muere el cónyuge amado o se separa de él; cuando él /ella queda en bancarrota, casa y terreno son inundados por el agua o quedan enterrados bajo masas de tierra, y el afectado piensa que ahora todo ha terminado, ¡entonces todavía queda una salida! Verdadera ayuda la encontramos en Aquel para quien - aun en las situaciones más adversas - todo es posible: Jesucristo, el Hijo del Dios viviente. A Él podemos entregarle todo, todas nuestras fallas, todos nuestros problemas, sí, y también todo en lo que hemos hecho mal por decisiones erradas y por culpa propia; al igual que todos nuestros pecados, es decir, todo, lo que ha pasado de largo de la voluntad de Dios. Quien se apresura a ir a Jesucristo, quien por nosotros fue crucificado y resucitado; invoca Su nombre, derrama su corazón y sus pecados delante de Él y no trata de esconderle nada, tal persona experimenta que Él puede hacer algo nuevo de la nada. Él es el único que realmente nos comprende, es más, Él sabe como estamos, aun antes que siquiera abramos la boca. Perdón de todos nuestros pecados hay solamente en Él, el Hijo de Dios, quien con Su vida sin pecado pagó por nosotros en forma vicaria. No tiene valor alguno querer alcanzar todo en esta tierra, si al hacerlo uno tiene que enfrentarse a una eternidad sin Dios: "…¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?" (Mt 16:26-27). Jesucristo, Quien es el Único que a través del derramamiento de Su sangre en la cruz pagó el rescate por nuestras almas, a Él debemos y podemos decirle todo. A Él le gusta concedernos el perdón de todos los pecados que le hemos confesado y obsequiarnos la vida eterna. Porque Él no se quedó en la cruz o en la tumba, sino que resucitó de la muerte y vive de eternidad en eternidad. Quien le ha entregado a Él su vida por la fe, un día vivirá eternamente en Su gloria. Una canción de fe dice: "¡Eso será gloria, cuando libre de sufrimiento, vea Su rostro!".
- Sí, ¡eso lo puedo afirmar! Pero ahora tengo otra pregunta: El así llamado síndrome de burnout del cual se escucha tanto hoy en día, ¿irá también en la dirección de la insatisfacción, o se trata en ese caso de una enfermedad a ser tomada en serio?
- El síndrome del burnout no es una enfermedad, sino que resulta de un esfuerzo excesivo de parte de la persona afectada por el mismo. Paralelamente a eso muchas veces también es expresión de descontento. Uno ha hecho todo y muchas veces no ha cosechado ni siquiera el agradecimiento de las personas, y ahora uno se siente liquidado y vacío.
- ¿Cuáles son las dolencias síquicas que han aumentado en nuestro tiempo?
- Primeramente todas aquellas dolencias que tienen que ver con el temor. Especialmente la perturbación generalizada de angustia ha aumentado drásticamente. Quien sufre de esa dolencia, se levanta en la mañana y se preocupa de cómo transcurrirá el día, de cómo pasará las horas y los minutos del día. O la persona se pone a pensar en lo que sucedería, si ni siquiera se levantara, sino que simplemente se quedaría acostada. Para decirlo con brevedad: Uno se preocupa y se angustia por todo. Esa perturbación generalizada de angustia a menudo se desarrolla desde otras dolencias previas.
Lo segundo que registra una tendencia alcista impetuosa es la distimia, es decir la insatisfacción de las personas. En los años del 1950 al 1960 ese diagnóstico ni siquiera existía todavía, o no era conocido como tal. Quizás en aquel tiempo se hablaría de depresión neurótica, refiriéndose con eso, sin embargo, a un estado diferente al de la distimia, aun cuando la misma en los sistemas internacionales de clasificación de diagnósticos haya surgido de allí. La insatisfacción de las personas ha aumentado con el aumento del bienestar material, especialmente en el hemisferio occidental. El bienestar no hace más feliz, sino mayormente más insatisfechos y en consecuencia más infelices.
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SICOLOGÍA EN LA IGLESIA?
jueves, 28 de julio de 2011
Corte Suprema iraní perdonará al pastor Youcef Nadarkhani si renuncia a su fe en Jesús
El ahora pastor cristiano Youcef Nadarkhani, que ha sido condenado a muerte por apostatar contra el islam tiene una última oportunidad concedida por la Corte Suprema iraní, la cual le ha dicho que si renuncia a su fe en Jesús será perdonado
Youcef Nadarkhani, nació en una familia musulmana iraní, pero se convirtió al Cristianismo.
El día 1 de julio El Tribunal Supremo de la República Islámica de Irán, socio creador de la Alianza de Civilizaciones del gobierno de Zapatero-Rubalcaba, había confirmado la pena de muerte por el supuesto “diabólico” delito de apostatar del Islam y convertirse al Cristianismo.
Fuentes cristianas iraníes, han informado que prontamente y sin previo aviso se llevará a cabo la pena de muerte, se le pedirá que se retracte, y si no lo hace, entonces será ejecutado. La propuesta sigue en pie, para el pastor iraní renuncie a su fe.
Ayer la Corte Suprema de la provincia de Qom emitió un veredicto oficial sobre el caso de la apostasía del pastor Youcef Nadarkhani y dictaminó que el tribunal de primera instancia penal y los tribunales de apelación, no proporcionaron suficiente información de base sobre que si en realidad Nadarkhani, un musulmán practicante y declaró se declaró así mismo como islamista.
El Tribunal Supremo, envió el caso Sección Undécima de la Corte Penal de la Provincia de Gilan para una investigación más rigurosa sobre los hechos, según publica: iranhumanrights.org
La Corte Suprema dictaminó que si Nadarkhani, era un musulmán y después de la edad de la madurez (15 años) se convirtió la Cristianismo entonces el tribunal de primera instancia debe encontrarlo culpable de apostasía y emitir una sentencia de muerte.
Si Nadarkhani, no era un musulmán después de alcanzar la edad de la madurez, entonces tiene la opción de arrepentirse y renunciar a su fe cristiana. Si se arrepiente, entonces no será ejecutado y puesto en libertad al parecer. Sin embargo, si no se arrepiente, será condenado a muerte. La Corte Suprema emitió el fallo el 12 de junio de 2011.
La Corte también sostuvo que la apostasía es un cargo válido penal en Irán, a pesar que hay ninguna disposición legal por escrito sobre la materia.
Hasta el momento, Nadarkhani, ha mantenido que él nunca ha hecho nada contra el Islam y no renunciará a su fe. “El pastor Youcef no se ha movido”, dijo un estrecho colaborador suyo de la ciudad de Rasht.
Youcef Nadarkhani, es un pastor de 34 años que nació de padres musulmanes. Se convirtió al cristianismo a la edad de 19 años. Antes de su arresto en octubre de 2009, Nadarkhani, pastoreó una congregación cerca de 400 cristianos en Rasht.
Esta congregación de evangélicos denunció que muchos de sus miembros han sido detenidos y procesados desde el año 2009. El 23 de agosto de 2010, sentenciaron al pastor Nadarkhani de apostasía. Nadarkhani, actualmente está encarcelado en la prisión de Rasht.
Youcef Nadarkhani, nació en una familia musulmana iraní, pero se convirtió al Cristianismo.
El día 1 de julio El Tribunal Supremo de la República Islámica de Irán, socio creador de la Alianza de Civilizaciones del gobierno de Zapatero-Rubalcaba, había confirmado la pena de muerte por el supuesto “diabólico” delito de apostatar del Islam y convertirse al Cristianismo.
Fuentes cristianas iraníes, han informado que prontamente y sin previo aviso se llevará a cabo la pena de muerte, se le pedirá que se retracte, y si no lo hace, entonces será ejecutado. La propuesta sigue en pie, para el pastor iraní renuncie a su fe.
Ayer la Corte Suprema de la provincia de Qom emitió un veredicto oficial sobre el caso de la apostasía del pastor Youcef Nadarkhani y dictaminó que el tribunal de primera instancia penal y los tribunales de apelación, no proporcionaron suficiente información de base sobre que si en realidad Nadarkhani, un musulmán practicante y declaró se declaró así mismo como islamista.
El Tribunal Supremo, envió el caso Sección Undécima de la Corte Penal de la Provincia de Gilan para una investigación más rigurosa sobre los hechos, según publica: iranhumanrights.org
La Corte Suprema dictaminó que si Nadarkhani, era un musulmán y después de la edad de la madurez (15 años) se convirtió la Cristianismo entonces el tribunal de primera instancia debe encontrarlo culpable de apostasía y emitir una sentencia de muerte.
Si Nadarkhani, no era un musulmán después de alcanzar la edad de la madurez, entonces tiene la opción de arrepentirse y renunciar a su fe cristiana. Si se arrepiente, entonces no será ejecutado y puesto en libertad al parecer. Sin embargo, si no se arrepiente, será condenado a muerte. La Corte Suprema emitió el fallo el 12 de junio de 2011.
La Corte también sostuvo que la apostasía es un cargo válido penal en Irán, a pesar que hay ninguna disposición legal por escrito sobre la materia.
Hasta el momento, Nadarkhani, ha mantenido que él nunca ha hecho nada contra el Islam y no renunciará a su fe. “El pastor Youcef no se ha movido”, dijo un estrecho colaborador suyo de la ciudad de Rasht.
Youcef Nadarkhani, es un pastor de 34 años que nació de padres musulmanes. Se convirtió al cristianismo a la edad de 19 años. Antes de su arresto en octubre de 2009, Nadarkhani, pastoreó una congregación cerca de 400 cristianos en Rasht.
Esta congregación de evangélicos denunció que muchos de sus miembros han sido detenidos y procesados desde el año 2009. El 23 de agosto de 2010, sentenciaron al pastor Nadarkhani de apostasía. Nadarkhani, actualmente está encarcelado en la prisión de Rasht.
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DEFENDIENDO LA FE
miércoles, 27 de julio de 2011
martes, 26 de julio de 2011
HIJA DE PADRE GAY
Mujer criada por homosexual pide a gobiernos proteger matrimonio entre hombre y mujer
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(Fuente: ACI) Una mujer canadiense que fue criada en un hogar homosexual se dedica ahora a asistir a otras personas que atraviesan por la misma situación y a pedir a los gobiernos del mundo que protejan el matrimonio entre hombre y mujer.
Según informa ForumLibertas.org, Dawn Stefanowicz vive en Ontario, Canadá, con su esposo de toda la vida y sus dos hijos, a los que ha educado en casa. Actualmente prepara su autobiografía y desarrolla un ministerio especial desde el sitio web (en inglés) www.dawnstefanowicz.com : Brinda ayuda a otras personas que como ella crecieron a cargo de un padre homosexual y fueron expuestos a este estilo de vida.
Stefanowicz explica en el sitio web "cómo en su infancia estuvo expuesta a intercambios de parejas gays, playas nudistas y la falta de afirmación en su feminidad, cómo le hirió el estilo de vida en el que creció, y ofrece ayuda, consejo e información para otras personas que han crecido heridas en un entorno de ‘familia’ gay, un estilo de ‘familia’ que ella no desea para nadie y que cree que las leyes no deberían apoyar".
Su testimonio
En su relato, Stefanowicz explica que debido a una enfermedad grave de su madre debió quedar al cuidado de su padre homosexual cuando aún era una niña. "Estuve expuesta a un alto riesgo de enfermedades de transmisión sexual debido al abuso sexual, a los comportamientos de alto riesgo de mi padre y a numerosas parejas", relata.
"Incluso cuando mi padre estaba en lo que parecían relaciones monógamas, continuaba haciendo ‘cruising’ buscando sexo anónimo. Llegué a preocuparme profundamente, a amar y entender con compasión a mi padre. Compartía conmigo lo que lamentaba de la vida. Desgraciadamente, siendo niño unos adultos abusaron sexual y físicamente de él. Debido a esto, vivió con depresión, problemas de control, estallidos de rabia, tendencias suicidas y compulsión sexual. Intentaba satisfacer su necesidad por el afecto de su padre, por su afirmación y atención, con relaciones promiscuas y transitorias. Las (ex) parejas de mi padre, con los que traté y llegué a apreciar con sentimientos profundos, vieron sus vidas drásticamente acortadas por el SIDA y el suicidio. Tristemente, mi padre murió de SIDA en 1991", recuerda.
Según Stefanowicz las "experiencias personales, profesionales y sociales con mi padre no me enseñaron el respeto por la moralidad, la autoridad, el matrimonio o el amor paterno. Me sentía temerosamente acallada porque mi padre no me permitía hablar de él, sus compañeros de casa, su estilo de vida y sus encuentros en esa subcultura. Mientras viví en casa, tuve que vivir según sus reglas".
"Sí, amaba a mi padre. Pero me sentía abandonada y despreciada porque mi padre me dejaba a menudo para estar varios días con sus compañeros. Sus parejas realmente no se interesaban por mí. Fui dañada por el maltrato doméstico homosexual, las tentativas sexuales con menores y la pérdida de parejas sexuales como si las personas fueran sólo cosas para usar. Busqué consuelo, busqué el amor de mi padre en diversos novios a partir de los 12 años", sostiene.
Stefanowicz recuerda que "desde corta edad, se me expuso a charlas sexualmente explícitas, estilos de vida hedonistas, subculturas GLBT y lugares de vacaciones gay. El sexo me parecía gratuito cuando era niña. Se me expuso a manifestaciones de sexualidad de todo tipo incluyendo sexo en casas de baño, travestismo, sodomía, pornografía, nudismo gay, lesbianismo, bisexualidad, voyeurismo y exhibicionismo. Se aludía al sadomasoquismo y se mostraban algunos aspectos. Las drogas y el alcohol a menudo contribuían a bajar las inhibiciones en las relaciones de mi padre".
"Mi padre apreciaba el vestir unisex, los aspectos de género-neutro, y el intercambio de ropas cuando yo tenía 8 años. Yo no veía el valor de las diferencias biológicamente complementarias entre hombre y mujer. Ni pensaba acerca del matrimonio. Hice votos de no tener nunca hijos, porque no crecí en un ambiente de hogar seguro, sacrificial, centrado en los niños", señala.
Las consecuencias
"Más de dos décadas de exposición directa a estas experiencias estresantes me causaron inseguridad, depresión, pensamientos suicidas, miedo, ansiedad, baja autoestima, insomnio y confusión sexual. Mi conciencia y mi inocencia fueron seriamente dañados. Fui testigo de que todos los otros miembros de la familia también sufrían", sostiene Stefanowicz.
Ella asegura que sólo después de haber tomado las decisiones más importantes de su vida, empezó a darse cuenta de cómo la había afectado crecer en ese ambiente.
"Mi sanación implicó mirar de frente la realidad, aceptar las consecuencias a largo plazo y ofrecer perdón. ¿Podéis imaginar ser forzados a aceptar relaciones inestables y prácticas sexuales diversas desde corta edad y cómo afectó a mi desarrollo?. Desgraciadamente, hasta que mi padre, sus parejas sexuales y mi madre murieron, no pude hablar públicamente de mis experiencias", explica.
"Al final, los niños serán las víctimas reales y los perdedores del matrimonio legal del mismo sexo. ¿Qué esperanza puedo ofrecer a niños inocentes sin voz? Gobiernos y jueces deben defender el matrimonio entre hombre y mujer y excluir todos los otros, por el bien de nuestros niños", concluye.
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(Fuente: ACI) Una mujer canadiense que fue criada en un hogar homosexual se dedica ahora a asistir a otras personas que atraviesan por la misma situación y a pedir a los gobiernos del mundo que protejan el matrimonio entre hombre y mujer.
Según informa ForumLibertas.org, Dawn Stefanowicz vive en Ontario, Canadá, con su esposo de toda la vida y sus dos hijos, a los que ha educado en casa. Actualmente prepara su autobiografía y desarrolla un ministerio especial desde el sitio web (en inglés) www.dawnstefanowicz.com : Brinda ayuda a otras personas que como ella crecieron a cargo de un padre homosexual y fueron expuestos a este estilo de vida.
Stefanowicz explica en el sitio web "cómo en su infancia estuvo expuesta a intercambios de parejas gays, playas nudistas y la falta de afirmación en su feminidad, cómo le hirió el estilo de vida en el que creció, y ofrece ayuda, consejo e información para otras personas que han crecido heridas en un entorno de ‘familia’ gay, un estilo de ‘familia’ que ella no desea para nadie y que cree que las leyes no deberían apoyar".
Su testimonio
En su relato, Stefanowicz explica que debido a una enfermedad grave de su madre debió quedar al cuidado de su padre homosexual cuando aún era una niña. "Estuve expuesta a un alto riesgo de enfermedades de transmisión sexual debido al abuso sexual, a los comportamientos de alto riesgo de mi padre y a numerosas parejas", relata.
"Incluso cuando mi padre estaba en lo que parecían relaciones monógamas, continuaba haciendo ‘cruising’ buscando sexo anónimo. Llegué a preocuparme profundamente, a amar y entender con compasión a mi padre. Compartía conmigo lo que lamentaba de la vida. Desgraciadamente, siendo niño unos adultos abusaron sexual y físicamente de él. Debido a esto, vivió con depresión, problemas de control, estallidos de rabia, tendencias suicidas y compulsión sexual. Intentaba satisfacer su necesidad por el afecto de su padre, por su afirmación y atención, con relaciones promiscuas y transitorias. Las (ex) parejas de mi padre, con los que traté y llegué a apreciar con sentimientos profundos, vieron sus vidas drásticamente acortadas por el SIDA y el suicidio. Tristemente, mi padre murió de SIDA en 1991", recuerda.
Según Stefanowicz las "experiencias personales, profesionales y sociales con mi padre no me enseñaron el respeto por la moralidad, la autoridad, el matrimonio o el amor paterno. Me sentía temerosamente acallada porque mi padre no me permitía hablar de él, sus compañeros de casa, su estilo de vida y sus encuentros en esa subcultura. Mientras viví en casa, tuve que vivir según sus reglas".
"Sí, amaba a mi padre. Pero me sentía abandonada y despreciada porque mi padre me dejaba a menudo para estar varios días con sus compañeros. Sus parejas realmente no se interesaban por mí. Fui dañada por el maltrato doméstico homosexual, las tentativas sexuales con menores y la pérdida de parejas sexuales como si las personas fueran sólo cosas para usar. Busqué consuelo, busqué el amor de mi padre en diversos novios a partir de los 12 años", sostiene.
Stefanowicz recuerda que "desde corta edad, se me expuso a charlas sexualmente explícitas, estilos de vida hedonistas, subculturas GLBT y lugares de vacaciones gay. El sexo me parecía gratuito cuando era niña. Se me expuso a manifestaciones de sexualidad de todo tipo incluyendo sexo en casas de baño, travestismo, sodomía, pornografía, nudismo gay, lesbianismo, bisexualidad, voyeurismo y exhibicionismo. Se aludía al sadomasoquismo y se mostraban algunos aspectos. Las drogas y el alcohol a menudo contribuían a bajar las inhibiciones en las relaciones de mi padre".
"Mi padre apreciaba el vestir unisex, los aspectos de género-neutro, y el intercambio de ropas cuando yo tenía 8 años. Yo no veía el valor de las diferencias biológicamente complementarias entre hombre y mujer. Ni pensaba acerca del matrimonio. Hice votos de no tener nunca hijos, porque no crecí en un ambiente de hogar seguro, sacrificial, centrado en los niños", señala.
Las consecuencias
"Más de dos décadas de exposición directa a estas experiencias estresantes me causaron inseguridad, depresión, pensamientos suicidas, miedo, ansiedad, baja autoestima, insomnio y confusión sexual. Mi conciencia y mi inocencia fueron seriamente dañados. Fui testigo de que todos los otros miembros de la familia también sufrían", sostiene Stefanowicz.
Ella asegura que sólo después de haber tomado las decisiones más importantes de su vida, empezó a darse cuenta de cómo la había afectado crecer en ese ambiente.
"Mi sanación implicó mirar de frente la realidad, aceptar las consecuencias a largo plazo y ofrecer perdón. ¿Podéis imaginar ser forzados a aceptar relaciones inestables y prácticas sexuales diversas desde corta edad y cómo afectó a mi desarrollo?. Desgraciadamente, hasta que mi padre, sus parejas sexuales y mi madre murieron, no pude hablar públicamente de mis experiencias", explica.
"Al final, los niños serán las víctimas reales y los perdedores del matrimonio legal del mismo sexo. ¿Qué esperanza puedo ofrecer a niños inocentes sin voz? Gobiernos y jueces deben defender el matrimonio entre hombre y mujer y excluir todos los otros, por el bien de nuestros niños", concluye.
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HOMOSEXUALIDAD Y BIBLIA
viernes, 22 de julio de 2011
Autoridad de Ghana pidió la detención de todos los homosexuales
El ministro de la Región Occidental Paul Evans fue quien dio la orden. "Se van a hacer todos los esfuerzos para librarnos de esta gente en la sociedad", dijo.
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HOMOSEXUALIDAD Y BIBLIA
Muchos cristianos latinos se pasan a las llamadas 'iglesias orgánicas'

Según Frank Viola, autor de varios libros sobre lo que ha denominado 'la reforma radical' de la iglesia, "un alto porcentaje de latinos y de afroamericanos se sienten atraídos a las iglesias orgánicas no solamente en EEUU sino también en América Latina".
Las estadísticas confirman que un significativo número de hispanos ha abandonado sus congregaciones tradicionales para unirse a las llamadas 'iglesias orgánicas', que se reúnen generalmente en casas de familia y en las que no hay liderazgo formal.
Viola ha trabajado con grupos en América del Sur, define la iglesia orgánica como "un grupo de gente que aprende junta a vivir la vida divina, es una comunidad en la que todos se conocen y todos participan".
En este sentido, el fundador de 'Present Testimony Ministry', con oficinas centrales en Gainesville, Florida, hace una diferencia entre iglesia orgánica e iglesia en casas: "La iglesia orgánica es la iglesia que encontramos en las páginas del Nuevo Testamento. La iglesia en las casas es simplemente un grupo de cristianos que se reúnen en alguna casa. No son lo mismo. La mayor parte de esos grupos en casas no son orgánicos en absoluto", sostiene.
NADA NUEVO BAJO EL SOL
La 'iglesia orgánica' también se conoce como iglesia simple, iglesia libre, iglesia de la sala de estar, confraternidades, o comunidades eclesiales de base, entre otros nombres.
Se trata de una "vuelta a los orígenes", afirma Viola, lo cual significa que "la iglesia orgánica ni es nueva ni es una novedad, ya que siempre ha habido cristianos que se reunieron fuera de las estructuras eclesiásticas institucionales".
Para Viola, las iglesias orgánicas ofrecen una alternativa para un millón de adultos cristianos que cada año dejan las congregaciones tradicionales en Estados Unidos y para los 1.700 pastores de este país que cada mes abandonan los ministerios.
TENDENCIA EN EXPANSIÓN
Según estadísticas del Grupo Barna, en Estados Unidos habría por lo menos 30.000 grupos de iglesias orgánicas, y el número llegaría quizá a un millón en América Latina.
Stan Perea, miembro de la mesa directiva de la Asociación para la Educación Teológica Hispana (AETH), que agrupa a más de 1.200 teólogos latinos en EEUU, opinó que los latinos se sienten atraídos a las 'iglesias orgánicas' porque esas pequeñas congregaciones "restauran el sentido de pertenencia y de orientación".
"Es triste que las iglesias tradicionales ya no ayuden a que las personas se conecten con la vida. Y es aún más triste que en Estados Unidos las iglesias se dediquen a enseñarles a los inmigrantes cómo ser individualistas, al punto que quedamos totalmente desconectado s", indicó Perea, quien desde 1986 dirige un ministerio cristiano en Denver.
EXPERIENCIA PERSONAL
Justamente en Denver, Blanca Ortiz, una inmigrante mexicana que se describe como "una cristiana de toda la vida", asiste desde el año pasado a una congregación orgánica que se reúne en la casa de una amiga.
"No hay líderes. Es bien informal. Todos hablamos cara a cara con todos. Todos participamos, a pesar de que venimos de países y de iglesias distintas. Nos reunimos para celebrar. Es verdad que dejamos las iglesias tradicionales, pero no dejamos nuestra fe", comentó.
Estos encuentros son sencillos y permiten compartir tanto una comida como "las bendiciones materiales y espirituales". Además, los niños están presentes en casi todas las actividades "para demostrarles cuán importantes son ellos para nosotros".
Para Ortiz, la iglesia orgánica tiene otra gran ventaja. "Ya no recibo constantes llamados recordándome que tengo que ir a la iglesia. Nadie llama a nadie, pero allí siempre estamos todos, porque la iglesia no es un edificio sino un grupo de personas con una fe en común ", concluyó.
Fuentes: Efe© Protestante Digital 2011
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CRISTIANISMO VERDADERO
jueves, 21 de julio de 2011
PSICOLOGÍA Y CONSEJERÍA BÍBLICA
La psicología secular, basada principalmente en las enseñanzas de Sigmund Freud, Carl Jung y Carl Rogers, no tiene cabida en la consejería bíblica. Tampoco lo hace la llamada “consejería cristiana,” porque la consejería “cristiana” tiene como sus bases la psicología secular, no la bíblica. Esto no quiere decir que a veces alguien que se llame a sí mismo un consejero cristiano no sea también un consejero bíblico, pero la mayoría de las veces, los consejeros cristianos son solo cristianos que usan la psicología secular como su “modus operandi.”
La psicología es definida como una disciplina académica que involucra el estudio científico de los procesos mentales y del comportamiento, y la aplicación de ese conocimiento sobre las diferentes esferas de la actividad humana. La psicología es por naturaleza humanística. El humanismo afirma el valor y la dignidad de toda la gente, basado en la habilidad de determinar lo correcto de lo incorrecto, apelando a las cualidades humanas universales, particularmente la racionalidad. El humanismo rechaza la fe que no se basa en la razón, lo sobrenatural, y la Biblia. Por lo tanto, la psicología es la manera en que el hombre trata de entender y reparar el lado espiritual del hombre sin referencia a, o reconocimiento de lo espiritual. La Biblia declara que la raza humana tiene un principio diferente a cualquier otra cosa creada. El hombre fue hecho a la imagen de Dios, y Dios “…sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.” (Génesis 1:26; 2:7). En su esencia misma, la Biblia trata con la espiritualidad del hombre, comenzando con su caída en el pecado en el Jardín del Edén y las consecuencias que le siguieron, particularmente en lo referente a su relación con Dios. El resultado de la caída – el pecado- es lo que nos separa de Dios y lo que requiere de un Redentor que restaure esa relación.
La psicología secular, por otra parte, está basada en la idea de que el hombre es básicamente bueno y que la respuesta a sus problemas yace dentro de él mismo. Con la ayuda de un psicoterapeuta – y con frecuencia de un consejero cristiano – el paciente hurga dentro del laberinto de su propia mente y emociones y “trabaja a través” de ellos a fin de emerger en el otro lado más sano por haber descubierto la causa de sus dificultades. La Biblia, sin embargo, nos pinta un cuadro muy diferente de la condición del hombre. Él está “muerto en sus delitos y pecados” (Efesios 2:1) y su corazón es “engañoso más que todas las cosas y perverso” (Jeremías 17:9). Él es la víctima de lo que es llamado “depravación total.” El hurgar dentro de tal mente, buscando salud mental, es un ejercicio inútil, muy parecido a tratar de encontrar una rosa creciendo en el fondo de una cloaca.
El hombre fue creado inocente, pero fue desobediente a Dios; él pecó contra Dios, y este pecado cambió al primer hombre, Adán, y a todos los que vinieron después de él, con el resultado de estar física y espiritualmente muertos (Génesis 2:17; 5:5; Romanos 5:12; Efesios 2:1). La respuesta a los problemas espirituales del hombre es que nazca de nuevo – hacerlo vivir espiritualmente (Juan 3:3, 6-7; 1 Pedro 1:23). El hombre nace de nuevo al confiar en Jesucristo. Confiar en Jesucristo significa entender que Él es el único Hijo de Dios, y Dios el Hijo (Juan 3:16; Juan 1:1-3). Significa entender y creer que Jesús pagó por nuestros pecados cuando Él murió en la cruz, y que Dios demostró Su aceptación al sacrificio de Cristo por nosotros, resucitando a Jesús de los muertos (Romanos 4:24-25).
Los consejeros bíblicos, como opuestos a los psicoterapeutas y a muchos “consejeros cristianos” ven solo a la Biblia como la fuente de un enfoque comprensible y detallado para entender y aconsejar a la gente (2 Timoteo 3:15-17; 2 Pedro 1:4). El consejero bíblico está comprometido a dejar que Dios hable por Él mismo a través de Su Palabra, y a manejar correctamente la Palabra de Verdad (2 Timoteo 2:15). El consejero bíblico sigue la Biblia y busca ministrar el amor del verdadero Dios viviente, cuyo amor trata con el pecado y produce obediencia (1 Juan).
Mucho de la psicoterapia y de la consejería cristiana está basado en necesidades. Las necesidades de autoestima, de amor y aceptación, y de valoración tienden a dominar. Si estas necesidades son satisfechas, se cree que la gente será feliz, amable y moral; si no son satisfechas, la gente será miserable, odiosa e inmoral. La Escritura enseña que es Dios, no nosotros mismos, quien cambia nuestros deseos y que la verdadera felicidad solo puede encontrarse en el deseo por Dios y la santidad. Si la gente desea la autoestima, el amor y el reconocimiento, ellos serán felices si lo obtienen y miserables si no lo logran, pero aún así en cualquier caso seguirán centrados en sí mismos. Por otra parte, si la gente desea a Dios, el reino de Dios, sabiduría santa y resurrección de gloria, ellos estarán satisfechos, y gozosos, y serán obedientes y útiles siervos de Dios.
Mientras que los psicoterapeutas seculares intentan ayudar al paciente encontrando el poder para suplir sus propias necesidades desde adentro, para la mayoría de los psicoanalistas cristianos, Jesucristo es el sanador accesible para las necesidades y las heridas de la psiquis. El paciente es instado a considerar lo mucho que es amado por Dios, y la cruz simplemente retrata cuán valioso es él para Dios, a fin de llenar su auto-estima y suplir su necesidad de ser amado. Pero en la Biblia, Jesucristo es el Cordero de Dios, crucificado en lugar de los pecadores. El amor de Dios en realidad derriba la auto-estima y la incesante búsqueda de ella. En vez de ello, produce una gran y agradecida estimación por el Hijo de Dios, quien nos amó y entregó Su vida por nosotros – el Cordero de Dios quien es el único digno de alabanza. El amor de Dios no satisface nuestra fijación por ser amados como somos. Derrumba aquella engañosa búsqueda, a fin de amarnos, a pesar de lo que somos y nos enseña a amar a Dios y a nuestro prójimo (1 Juan 4:7-5:3).
Cuando una persona intrínsicamente pecadora contrata a un psicólogo o un consejero cristiano, a fin de obtener la satisfacción a sus necesidades o para obtener felicidad, la auto estima y la realización, ésta inevitablemente se alejará de tal consejería irrealizable. Jesús dijo que debemos morir a nosotros mismos y nacer de nuevo. Cuando venimos a Él, debe ser con la intención de deshacernos de la antigua naturaleza – no solo arreglarla – y ponernos la nueva naturaleza, la que vive para Cristo y busca servirle a Él y a otras personas por amor a lo que Él ha hecho. Los verdaderos consejeros bíblicos buscan asistir a sus clientes para hacer justamente eso, siguiendo la Biblia y viendo la consejería como una actividad pastoral, en la cual la meta no es la auto-estima, sino la santificación – creciendo en santidad y a la semejanza de Cristo.
La psicología es definida como una disciplina académica que involucra el estudio científico de los procesos mentales y del comportamiento, y la aplicación de ese conocimiento sobre las diferentes esferas de la actividad humana. La psicología es por naturaleza humanística. El humanismo afirma el valor y la dignidad de toda la gente, basado en la habilidad de determinar lo correcto de lo incorrecto, apelando a las cualidades humanas universales, particularmente la racionalidad. El humanismo rechaza la fe que no se basa en la razón, lo sobrenatural, y la Biblia. Por lo tanto, la psicología es la manera en que el hombre trata de entender y reparar el lado espiritual del hombre sin referencia a, o reconocimiento de lo espiritual. La Biblia declara que la raza humana tiene un principio diferente a cualquier otra cosa creada. El hombre fue hecho a la imagen de Dios, y Dios “…sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.” (Génesis 1:26; 2:7). En su esencia misma, la Biblia trata con la espiritualidad del hombre, comenzando con su caída en el pecado en el Jardín del Edén y las consecuencias que le siguieron, particularmente en lo referente a su relación con Dios. El resultado de la caída – el pecado- es lo que nos separa de Dios y lo que requiere de un Redentor que restaure esa relación.
La psicología secular, por otra parte, está basada en la idea de que el hombre es básicamente bueno y que la respuesta a sus problemas yace dentro de él mismo. Con la ayuda de un psicoterapeuta – y con frecuencia de un consejero cristiano – el paciente hurga dentro del laberinto de su propia mente y emociones y “trabaja a través” de ellos a fin de emerger en el otro lado más sano por haber descubierto la causa de sus dificultades. La Biblia, sin embargo, nos pinta un cuadro muy diferente de la condición del hombre. Él está “muerto en sus delitos y pecados” (Efesios 2:1) y su corazón es “engañoso más que todas las cosas y perverso” (Jeremías 17:9). Él es la víctima de lo que es llamado “depravación total.” El hurgar dentro de tal mente, buscando salud mental, es un ejercicio inútil, muy parecido a tratar de encontrar una rosa creciendo en el fondo de una cloaca.
El hombre fue creado inocente, pero fue desobediente a Dios; él pecó contra Dios, y este pecado cambió al primer hombre, Adán, y a todos los que vinieron después de él, con el resultado de estar física y espiritualmente muertos (Génesis 2:17; 5:5; Romanos 5:12; Efesios 2:1). La respuesta a los problemas espirituales del hombre es que nazca de nuevo – hacerlo vivir espiritualmente (Juan 3:3, 6-7; 1 Pedro 1:23). El hombre nace de nuevo al confiar en Jesucristo. Confiar en Jesucristo significa entender que Él es el único Hijo de Dios, y Dios el Hijo (Juan 3:16; Juan 1:1-3). Significa entender y creer que Jesús pagó por nuestros pecados cuando Él murió en la cruz, y que Dios demostró Su aceptación al sacrificio de Cristo por nosotros, resucitando a Jesús de los muertos (Romanos 4:24-25).
Los consejeros bíblicos, como opuestos a los psicoterapeutas y a muchos “consejeros cristianos” ven solo a la Biblia como la fuente de un enfoque comprensible y detallado para entender y aconsejar a la gente (2 Timoteo 3:15-17; 2 Pedro 1:4). El consejero bíblico está comprometido a dejar que Dios hable por Él mismo a través de Su Palabra, y a manejar correctamente la Palabra de Verdad (2 Timoteo 2:15). El consejero bíblico sigue la Biblia y busca ministrar el amor del verdadero Dios viviente, cuyo amor trata con el pecado y produce obediencia (1 Juan).
Mucho de la psicoterapia y de la consejería cristiana está basado en necesidades. Las necesidades de autoestima, de amor y aceptación, y de valoración tienden a dominar. Si estas necesidades son satisfechas, se cree que la gente será feliz, amable y moral; si no son satisfechas, la gente será miserable, odiosa e inmoral. La Escritura enseña que es Dios, no nosotros mismos, quien cambia nuestros deseos y que la verdadera felicidad solo puede encontrarse en el deseo por Dios y la santidad. Si la gente desea la autoestima, el amor y el reconocimiento, ellos serán felices si lo obtienen y miserables si no lo logran, pero aún así en cualquier caso seguirán centrados en sí mismos. Por otra parte, si la gente desea a Dios, el reino de Dios, sabiduría santa y resurrección de gloria, ellos estarán satisfechos, y gozosos, y serán obedientes y útiles siervos de Dios.
Mientras que los psicoterapeutas seculares intentan ayudar al paciente encontrando el poder para suplir sus propias necesidades desde adentro, para la mayoría de los psicoanalistas cristianos, Jesucristo es el sanador accesible para las necesidades y las heridas de la psiquis. El paciente es instado a considerar lo mucho que es amado por Dios, y la cruz simplemente retrata cuán valioso es él para Dios, a fin de llenar su auto-estima y suplir su necesidad de ser amado. Pero en la Biblia, Jesucristo es el Cordero de Dios, crucificado en lugar de los pecadores. El amor de Dios en realidad derriba la auto-estima y la incesante búsqueda de ella. En vez de ello, produce una gran y agradecida estimación por el Hijo de Dios, quien nos amó y entregó Su vida por nosotros – el Cordero de Dios quien es el único digno de alabanza. El amor de Dios no satisface nuestra fijación por ser amados como somos. Derrumba aquella engañosa búsqueda, a fin de amarnos, a pesar de lo que somos y nos enseña a amar a Dios y a nuestro prójimo (1 Juan 4:7-5:3).
Cuando una persona intrínsicamente pecadora contrata a un psicólogo o un consejero cristiano, a fin de obtener la satisfacción a sus necesidades o para obtener felicidad, la auto estima y la realización, ésta inevitablemente se alejará de tal consejería irrealizable. Jesús dijo que debemos morir a nosotros mismos y nacer de nuevo. Cuando venimos a Él, debe ser con la intención de deshacernos de la antigua naturaleza – no solo arreglarla – y ponernos la nueva naturaleza, la que vive para Cristo y busca servirle a Él y a otras personas por amor a lo que Él ha hecho. Los verdaderos consejeros bíblicos buscan asistir a sus clientes para hacer justamente eso, siguiendo la Biblia y viendo la consejería como una actividad pastoral, en la cual la meta no es la auto-estima, sino la santificación – creciendo en santidad y a la semejanza de Cristo.
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SICOLOGÍA EN LA IGLESIA?
lunes, 18 de julio de 2011
TU CAUSA EN CRISTO
Si acaso sufren injustamente, recuerden que Dios les ha ordenado sufrir con paciencia. Y en eso Cristo les ha dado el ejemplo, para que hagan lo mismo, pues él sufrió por ustedes.
Cristo no pecó nunca, y jamás engañó a nadie.
Cuando lo insultaban, jamás contestaba con insultos, y jamás amenazó a quienes lo hicieron sufrir. Más bien, dejó que Dios lo cuidara y se encargara de todo, pues Dios juzga a todos con justicia.
Cristo hizo suyos nuestros pecados, y por eso murió en la cruz. Lo hizo para que nosotros dejemos por completo de hacer el mal, y vivamos haciendo el bien. Cristo fue herido para que ustedes fueran sanados.
Antes, ustedes andaban como ovejas perdidas, pero ahora han regresado a Cristo, que es como un pastor que los cuida y los protege.
Cristo no pecó nunca, y jamás engañó a nadie.
Cuando lo insultaban, jamás contestaba con insultos, y jamás amenazó a quienes lo hicieron sufrir. Más bien, dejó que Dios lo cuidara y se encargara de todo, pues Dios juzga a todos con justicia.
Cristo hizo suyos nuestros pecados, y por eso murió en la cruz. Lo hizo para que nosotros dejemos por completo de hacer el mal, y vivamos haciendo el bien. Cristo fue herido para que ustedes fueran sanados.
Antes, ustedes andaban como ovejas perdidas, pero ahora han regresado a Cristo, que es como un pastor que los cuida y los protege.
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fortaleza
domingo, 17 de julio de 2011
BIENAVENTURADOS...
Cuando Jesús vio a tanta gente, subió a una montaña y se sentó. Los discípulos se le acercaron, y él comenzó a enseñarles:
«Dios bendice a los que confían totalmente en él, pues ellos forman parte de su reino. Dios bendice a los que sufren, pues él los consolará.
Dios bendice a los humildes, pues ellos recibirán la tierra prometida.
Dios bendice a los que desean la justicia, pues él les cumplirá su deseo.
Dios bendice a los que son compasivos, pues él será compasivo con ellos.
Dios bendice a los que tienen un corazón puro, pues ellos verán a Dios.
Dios bendice a los que trabajan para que haya paz en el mundo, pues ellos serán llamados hijos de Dios.
Dios bendice a los que son maltratados por practicar la justicia, pues ellos forman parte de su reino.
»Dios los bendecirá a ustedes cuando, por causa mía, la gente los maltrate y diga mentiras contra ustedes. ¡Alégrense! ¡Pónganse contentos! Porque van a recibir un gran premio en el cielo. Así maltrataron también a los profetas que vivieron antes que ustedes.
»Ustedes son como la sal que se pone en el horno de barro para aumentar su calor. Si la sal pierde esa capacidad, ya no sirve para nada, sino para que la tiren a la calle y la gente la pisotee.
»Ustedes son como una luz que ilumina a todos. Son como una ciudad construida en la parte más alta de un cerro y que todos pueden ver. JESÚS
«Dios bendice a los que confían totalmente en él, pues ellos forman parte de su reino. Dios bendice a los que sufren, pues él los consolará.
Dios bendice a los humildes, pues ellos recibirán la tierra prometida.
Dios bendice a los que desean la justicia, pues él les cumplirá su deseo.
Dios bendice a los que son compasivos, pues él será compasivo con ellos.
Dios bendice a los que tienen un corazón puro, pues ellos verán a Dios.
Dios bendice a los que trabajan para que haya paz en el mundo, pues ellos serán llamados hijos de Dios.
Dios bendice a los que son maltratados por practicar la justicia, pues ellos forman parte de su reino.
»Dios los bendecirá a ustedes cuando, por causa mía, la gente los maltrate y diga mentiras contra ustedes. ¡Alégrense! ¡Pónganse contentos! Porque van a recibir un gran premio en el cielo. Así maltrataron también a los profetas que vivieron antes que ustedes.
»Ustedes son como la sal que se pone en el horno de barro para aumentar su calor. Si la sal pierde esa capacidad, ya no sirve para nada, sino para que la tiren a la calle y la gente la pisotee.
»Ustedes son como una luz que ilumina a todos. Son como una ciudad construida en la parte más alta de un cerro y que todos pueden ver. JESÚS
viernes, 15 de julio de 2011
miércoles, 13 de julio de 2011
BIBLIA EN LINEA
LES DEJO ESTE ENLACE PARA QUE PUEDAN OIR LA BIBLIA,NO MAS EXCUSAS POR NO TENER TIEMPO DE LEER.....
http://mp3bible.org/
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