Hubo una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias. El martillo ejerció la presidencia. Pero la asamblea le notifico que tenia que renunciar.¿La causa?¡hacia mucho ruido! y además se pasaba todo el tiempo golpeando.
El martillo acepto su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que le daba muchas vueltas al asunto para hacer algo. El tornillo acepto también, pero pidió la expulsión de la lija. Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenia fricciones con todos. La lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro que siempre se la pasaba midiendo a los demás .Como si el fuera el único perfecto.
En eso entro el carpintero e inicio su trabajo utilizo el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Finalmente la tosca madera inicial se convirtió en un lindo ajedrez. Cuando la carpintería quedo completamente sola, la asamblea reanudo la deliberación. El serrucho tomo la palabra y dijo:-señores ha quedado claro que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos. (Si hacemos eso mismo los cristianos seremos mejores).
ASI DICE EL ALTO Y SUBLIME
Yo soy el Dios tuyo,que te enseña provechosamente el camino que debes seguir...
domingo, 6 de febrero de 2011
sábado, 5 de febrero de 2011
ADORADORES
Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que adoren.Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
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miércoles, 19 de enero de 2011
DIOS ES MI REFUGIO
Alma mía, en Dios solamente reposa; Porque de él es mi esperanza.
El solamente es mi fuerte y mi salud: Es mi refugio, no resbalaré.
En Dios está mi salvación y mi gloria: En Dios está la roca de mi fortaleza, y mi refugio.
Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón: Dios es nuestro amparo. SALMO 62.5
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El solamente es mi fuerte y mi salud: Es mi refugio, no resbalaré.
En Dios está mi salvación y mi gloria: En Dios está la roca de mi fortaleza, y mi refugio.
Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón: Dios es nuestro amparo. SALMO 62.5
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martes, 18 de enero de 2011
SALMO 37.4
Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón.
Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará.
Exhibirá tu justicia como la luz, Y tu derecho como el mediodía.
Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades.
Deja la ira, y desecha el enojo; No te excites en manera alguna a hacer lo malo.
Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará.
Exhibirá tu justicia como la luz, Y tu derecho como el mediodía.
Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades.
Deja la ira, y desecha el enojo; No te excites en manera alguna a hacer lo malo.
SALMO 37.4
Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón.
Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará.
Exhibirá tu justicia como la luz, Y tu derecho como el mediodía.
Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades.
Deja la ira, y desecha el enojo; No te excites en manera alguna a hacer lo malo.
Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará.
Exhibirá tu justicia como la luz, Y tu derecho como el mediodía.
Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades.
Deja la ira, y desecha el enojo; No te excites en manera alguna a hacer lo malo.
domingo, 21 de noviembre de 2010
jueves, 18 de noviembre de 2010
jueves, 11 de noviembre de 2010
EL MUNDO Y SUS DESEOS
Se nos advierte con claridad que no debemos amar el mundo, ni las cosas que están en el mundo, por la sencilla razón de que el amor hacia el mundo no es compatible con el amor para con el Padre. Todo lo que el....
martes, 19 de octubre de 2010
lunes, 27 de septiembre de 2010
LA TENTACION
Enfrentando la Tentación
Ciertamente el cristiano enfrenta diversas luchas, siendo una de las más difíciles aquella que se libra contra las tentaciones. Me atrevo a asegurar que todo cristiano batalla contra ellas de forma cotidiana, y que incluso, si no encuentra lucha alguna en su vida debiera preguntarse si está en la fe de Cristo.
Pero ¿Por qué nos enfrentamos a esta guerra con nuestra carne, de tal manera que nuestra voluntad no pocas veces llega a verse doblegada?
La respuesta clama en las Escrituras: es porque nuestra carne se inclina hacia el pecado. En efecto, encontramos diversos pasajes que ilustran esta verdad:
“dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud” Gn. 8:21
“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Jer. 17:9
“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” Mr. 7:21-23.
“Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” Ro. 8:7-8.
Incluso, Santiago clarifica aún más el proceso de la tentación, al decir que “cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Stg. 1:14-15). Es decir, todo el material necesario para llevarnos a incurrir en pecado está en nuestro interior, faltando sólo un detonante que libere el potencial maligno de nuestro ser.
Es por esto que todo cristiano enfrenta diariamente una lucha contra su propia naturaleza, en tanto va siendo transformado por el poder del Espíritu Santo.
Pero… ¿Significa esto que estamos condenados a caer en pecado? De ninguna manera. Dice también la Biblia:
"No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar" 1 Co. 10:13.
“el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” Fil. 1:6.
“Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” Stg. 1:12.
“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” Stg. 4:7.
Estos hermosos pasajes nos dan a entender que un cristiano no sólo puede, sino que también debe superar la tentación. Dicha prueba, como dice una de las citas, no será superior a lo que podemos soportar, por lo que siempre habrá un instante de decisión en el que podemos huir.
Es necesario tener claro, de todas formas, que esta lucha nunca debe hacerse en las propias fuerzas, ya que eso sería como ir al choque contra una locomotora a toda velocidad. Es preciso “esforzarse en la gracia” (2 Ti. 2:1) que es en Cristo Jesús, sabiendo lo que el maestro dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Jn. 15:5).
Por otra parte, es preciso saber que somos débiles y nuestra carne está presta a caer, por lo que nunca hay que explorar nuestros límites ni sentir que podemos resistir. Tomemos el ejemplo de Lot, cuya vida espiritual decayó no cuando vivía en Sodoma, sino cuando “fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma” (Gn. 13:12). El camino hacia la caída comienza con un paso en falso.
Ya lo dijo también Cristo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” Mt. 26:41.
Así también es menester tener en cuenta que, como dijo el Apóstol Pablo, “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Ef. 6:12-13).
Velar y orar es entonces la clave, tomando las palabras del mismo Cristo. Y recordemos esto, que “no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (He. 4:15).
Bendito sea el Señor nuestro Dios, que Él desarrolle la santidad en nosotros
Ciertamente el cristiano enfrenta diversas luchas, siendo una de las más difíciles aquella que se libra contra las tentaciones. Me atrevo a asegurar que todo cristiano batalla contra ellas de forma cotidiana, y que incluso, si no encuentra lucha alguna en su vida debiera preguntarse si está en la fe de Cristo.
Pero ¿Por qué nos enfrentamos a esta guerra con nuestra carne, de tal manera que nuestra voluntad no pocas veces llega a verse doblegada?
La respuesta clama en las Escrituras: es porque nuestra carne se inclina hacia el pecado. En efecto, encontramos diversos pasajes que ilustran esta verdad:
“dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud” Gn. 8:21
“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Jer. 17:9
“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” Mr. 7:21-23.
“Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” Ro. 8:7-8.
Incluso, Santiago clarifica aún más el proceso de la tentación, al decir que “cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Stg. 1:14-15). Es decir, todo el material necesario para llevarnos a incurrir en pecado está en nuestro interior, faltando sólo un detonante que libere el potencial maligno de nuestro ser.
Es por esto que todo cristiano enfrenta diariamente una lucha contra su propia naturaleza, en tanto va siendo transformado por el poder del Espíritu Santo.
Pero… ¿Significa esto que estamos condenados a caer en pecado? De ninguna manera. Dice también la Biblia:
"No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar" 1 Co. 10:13.
“el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” Fil. 1:6.
“Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” Stg. 1:12.
“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” Stg. 4:7.
Estos hermosos pasajes nos dan a entender que un cristiano no sólo puede, sino que también debe superar la tentación. Dicha prueba, como dice una de las citas, no será superior a lo que podemos soportar, por lo que siempre habrá un instante de decisión en el que podemos huir.
Es necesario tener claro, de todas formas, que esta lucha nunca debe hacerse en las propias fuerzas, ya que eso sería como ir al choque contra una locomotora a toda velocidad. Es preciso “esforzarse en la gracia” (2 Ti. 2:1) que es en Cristo Jesús, sabiendo lo que el maestro dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Jn. 15:5).
Por otra parte, es preciso saber que somos débiles y nuestra carne está presta a caer, por lo que nunca hay que explorar nuestros límites ni sentir que podemos resistir. Tomemos el ejemplo de Lot, cuya vida espiritual decayó no cuando vivía en Sodoma, sino cuando “fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma” (Gn. 13:12). El camino hacia la caída comienza con un paso en falso.
Ya lo dijo también Cristo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” Mt. 26:41.
Así también es menester tener en cuenta que, como dijo el Apóstol Pablo, “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Ef. 6:12-13).
Velar y orar es entonces la clave, tomando las palabras del mismo Cristo. Y recordemos esto, que “no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (He. 4:15).
Bendito sea el Señor nuestro Dios, que Él desarrolle la santidad en nosotros
viernes, 3 de septiembre de 2010
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